Estado fallido

"12 años" contra la "Gravedad"

La película que muy probablemente le arranque el Oscar principal a Gravity de Alfonso Cuarón se llama 12 años esclavo y por fin ha llegado a las pantallas nacionales. Miren, la competencia está ruda como pocas y no hay manera de decir cuál de las dos es mejor cinta. Son tan diferentes, con lenguajes y mensajes tan diversos que sería ridículo pretender que una pueda superar a la otra en la mayoría de los sentidos. Woody Allen lo ha dicho en una innumerable cantidad de veces cuando se le pregunta por qué no va a los premios: “Poner a competir al arte es ridículo y sin sentido. No hay reglas que se puedan usar para medir una cosa contra la otra”.

En este caso no podría tener más razón. Los parámetros que se pueden medir, sin embargo, son completamente distintos. El sentir político de los miembros de la Academia durante algún año en particular. La agenda de prioridades de los mismos. Las deudas que se tienen con ciertos actores, productores o directores, o simplemente lo que en ese momento en particular la industria parece considerar mejor para su ego y, sobre todo, para su cuenta bancaria.

Así que llega 12 años esclavo en un año donde ya hubo una película ligeramente decepcionante al tocar los temas de las diferencias raciales en Estados Unidos (El mayordomo de la Casa Blanca). ¿Qué tiene de extraordinaria 12 años que no tiene El mayordomo? Simple y sencillamente la capacidad de transportarnos hacia lo más humano de todos estos seres que por tantos años, hace poco tiempo, no eran considerados siquiera como tales.

La historia de Solomon Northop, hombre libre, padre de familia del norte de su país (donde los negros sí eran libres) es engañado y llevado al sur para ser vendido como esclavo. ¿Qué es lo que ocurre aquí que no nos habían contado antes? La desintegración de todo lo que para Solomon ha sido su comprensión de la existencia como un ser con valor. Sin que las historias se parezcan, uno podría pensar en la descripción que Viktor Frankl hace en su libro El hombre en busca del sentido, cuando narra cómo al llegar a Auschwitz como prisionero en el Holocausto es despojado de cada una de las cosas físicas y de dignidad con las que relacionaba su humanidad.

Frankl y Northop (también personaje de la vida real) logran comprender cómo sobrevivir e incluso aferrarse de manera positiva a lo que para tantos ya no podría ser llamado vida. Las circunstancias son las peores desgracias del comportamiento humano, pero en ambos casos los hombres salen avante por su fuerza interna y por comprender dónde radica su valor como seres humanos.

No es un mensaje fácil de transmitir en una historia y Steve McQueen, el director, no pretende ni por un segundo que lo sea para el espectador. Con actuaciones estelares, crueles y desgarradoras nos lleva sin piedad a esa realidad. Y el resultado es fascinante y, sin duda, un nuevo clásico.

Por eso yo creo que con toda la maestría de Gravedad, lo que acaba diciendo 12 años esclavo, y el hecho de que la generación actual de los votantes se quiera distanciar de esos horrores, (¿qué mejor manera que premiando la película?) será el mensaje que se lleve al final ese último gran premio de la noche. Veremos. 

susana.moscatel@milenio.com