Estado fallido

No andaban muertos...

Amo a Vicente Fernández. Después de varias horas de angustia para sus seres queridos, amigos y fans, él mismo desmintió a través de Instagram la falsa noticia de su muerte, dada por un programa de televisión diciendo: “Les juro que el día que me muera yo les voy a avisar”. ¿Saben qué? A este hombre, en particular, se lo creo. Por eso nunca voy a dejar de aplaudirle.

Pero la cosa cada vez está más ridícula, no solo con las redes sociales, sino con tantos medios de comunicación que, desesperados por no perder la primicia, no se preocupan por verificar la certeza de una mala noticia. Tampoco, por supuesto, se molestan en considerar lo que los parientes de los artistas vayan a sentir al ver publicado el deceso de los suyos. Está bien, en algún momento se enterarán que no fue así. ¿Pero la angustia y sus consecuencias quién se las puede quitar?

Lo mismo pasó este domingo en la mañana con Joan Sebastian. Sabemos que el cantante tiene problemas de salud, pero si les describiera la histeria de las más de seis llamadas que me llegaron en menos de siete minutos pidiéndome que por favor confirmara la nota. Considerando que estaba muy lejos de cualquier otro medio más que mi teléfono, pedí a los colegas que me dijeran dónde lo habían oído para poder investigar. No fue ninguna sorpresa saber que todos lo habían sabido en Twitter o en programas de radio y televisión que lo habían escuchado…. ¡Así es! Adivinaron: en Twitter.

 Maldita forma de hacer periodismo estos días, caray. Tardé tres minutos exactos en encontrar un desmentido por parte del hijo del compositor y un poco más en que nuestra reportera también tuviera el desmentido del hospital y de Maribel Guardia.

Y así es todos los días.  José Manuel Figueroa, hijo del cantante, puso el dedo en la llaga con una observación virtual que es más que digna de ser observada, diciendo que mucho de esto está diseñado para mantener arriba el rating y que los que lo hacen no están en el negocio ni de informar ni de enseñar. Pues qué razón tiene. Y vamos un paso más allá, la desinformación lleva a una especie de caos que, sin duda, nos hace un daño terrible en una sociedad que de por sí ya no le cree nada a nadie. Y en casos como éste, con toda la razón del mundo.

¡Que alguien me explique!

¿Por qué no aprendo que los domingos en la noche, en particular a partir del de ayer, más de un 70 por ciento  de mis amigos simplemente no acudirán a ningún llamado de ningún tipo hasta que acabe el nuevo capítulo de Game of Thrones?

susana.moscatel@milenio.com

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