Estado fallido

Más allá de las cámaras

El verdadero encanto de estar en una ceremonia de premios como los Grammy no es lo que uno alcanza a ver. Por televisión, sin la menor duda, hay mucho más detalle. Por ejemplo, yo no alcancé a percatarme, pero no dejé de reír al ver a un tuit preguntando ¿qué le había pasado a Alicia Villarreal?, cuando la que tomaba el escenario era Madonna.

¿Y cuál de las dos mujeres paradas al lado de Yoko Ono dijo: “John Legend” en vez de “John Lennon”? ¿Alicia Keys? No creo que el “Uuuuuuuu” colectivo que se escuchó espontáneamente en el Staples Center haya alcanzado los micrófonos de la tele.

Una de las cosas que no se pagan con nada es poder ver cómo en los cortes comerciales Paul y Ringo se molestaban cariñosamente, mientras que Yoko permanecía quieta y diplomática, pero aparentemente en paz. Hubo incluso un momento en el que alguien le gritó algo (amistoso) a Ringo y él y Paul se levantaron para responder, mientras que todos a su alrededor reventaron en aplausos causándole risa a lo que ahora algunos llamaron El dueto de Liverpool.

¿La boda masiva? Hermoso de vivir, aunque sin duda hay que reconocer que a Marcelo Ebrard se le ocurrió primero, pero al menos estas personas pueden contestar ante la pregunta: “¿Quién cantó en tu boda?” “¡Madonna!”. Pues sí.

Son conciertos como éste (porque es más eso que una entrega de premios el show principal) los que nos dejan ver la verdadera evolución de la música. En lo personal los mejores tres actos fueron la unión de Imagine Dragons con Lamar Kendrick, esa famosa aparición de Mackelmore & Ryan Lewis y “Queenie Eye” con Paul y Ringo (aunque reconozco que pudieron haber cantado una de Justin Bieber, que mi boca se haga chicharrón,  e igual me hubiera puesto a llorar de la emoción.

Pero, ¿un momento? ¿Lo que más me gustó fuera de los Beatles fue hip hop? ¿Cuándo pasó eso? ¿Cómo pasó eso? Esas son las cosas que ni cuenta te das hasta que te das una vuelta por los Grammy, donde se dan esas combinaciones como en ningún otro lado. Se escuchaba tan poderoso que de pronto estaba de pie y convertida en una repentina y rábida fan.

Para muchos lo mejor fue Daft Punk. A mí no me alcanzan a topar las emociones, pero sé que estoy diciendo algo completamente sacrílego para muchos. Incluyendo para los que votaron por ellos para que se llevaran la noche. Y, la verdad, ponerlos con Stevie Wonder fue de maestros. Así como a Metallica con un pianista prodigio o a Robin Thicke con Chicago, quienes afortunadamente no le arruinaron nada arrimándole sus partes nobles. Mi infancia entera hubiera quedado arruinada si eso hubiera pasado.

También me tengo que preguntar qué hacían ahí Julia Roberts y el escritor de la película Philomena ¿Proselitismo para el Oscar quizá? Jeremy Renner también representó a Estafa americana y, bueno, Jared Leto que sí va a ganar el Oscar tenía todo el derecho de piso, siendo más músico que actor.

¿Acabar? Nunca. Son demasiadas emociones, ideas y extrañas decisiones de programación. ¿Quién en su sano juicio pone a Marc Anthony y a Gloria Estefan justo después de los Beatles? ¿En serio? Y cuando acabó, acabó. Nadie dijo agua va. Solo acabó.

Pero de todo esto no puedo dejar de ponerme de buenas por la cara del maestro Manzanero en su foto junto a Yoko Ono.

La vida nunca deja de sorprendernos y la historia de la música sigue y cambia con cada día. Que eso nunca cambie, por favor. 

susana.moscatel@milenio.com