Estado fallido

Desde la alfombra roja

Escribo esto exactamente una hora antes de que empiecen a desfilar las estrellas en la noche más importante de Hollywood, y hay un poco de pánico en el ambiente. Bueno, más que pánico es un constante mirar hacia arriba, porque hace un rato, de pronto, se abrieron los cielos y la lluvia se desbordó a los lados como una catarata torrencial.

El público, sentado desde muy temprano para ver pasar a sus estrellas favoritas, aplaudió. Y lo hacen a la menor provocación. Pidieron a gritos que Pichas y Cachas, las hormigas del programa, se acercaran y, a esas alturas, después de horas en el frío, sin nada que hacer, actuaban como si fueran Clooney y Pitt hechos sandwichito.

La seguridad estuvo más ruda que nunca este año. Evidentemente, la falsa amenaza de bomba unos días antes los preocupó, porque los retenes y accesos estaban más resguardados que cualquiera de las ceremonias pasadas. El jueves, cuando fue la amenaza (falsa), todos los que estábamos dentro de lo que ya cariñosamente llamamos el búnker ni nos enteramos, debido a la rigurosa separación entre la calle y el mundo de la alfombra (en ese momento seguía siendo de plástico blanco).

Momentos antes de que empezara a llegar el contingente de actores, un grupo (qué sorpresa) de mexicanos se puso a pulir absolutamente todo con un profesionalismo y velocidad brutal. También un importante grupo de paisanos trajo las flores que rodearon las estatuillas que adornaban la entrada del Teatro Dolby, donde se llevaría a cabo la ceremonia.

Ya regresando al preshow, aunque en la televisión solo se ven las estrellas acercándose en el anochecer con lo que aparentemente es un fantástico aplomo y perfección, la verdad es que menos del 10 por ciento de las personas que se pasean por ahí, desde las 15:30 horas, están así de arreglados. Otro 60 por ciento generalmente trae un sutil vestir más allá de lo casual, pero este año (igual que el pasado) completamente tapado por chamarras. Los demás, en facha total corriendo de un lado al otro apagando fuegos (bajo el agua), promoviendo con la prensa a los nominados desconocidos y pactando entrevistas con los muy famosos, solo para algunos medios (¿no creían que era un asunto casual, verdad?).

En fin. Dentro del Dolby no se sintió, pero fuera todo era una sopa y la logística se complicó de manera tremenda para todo. Estuvieron a nada de empezar tarde, porque el tráfico era indescriptible para llegar. De hecho, los llena-asientos casi no alcanzaron al principio. Más tarde se pudieron salir a fumar entre la lluvia.

Llegar a la una fue un proceso largo y complicado. Y mañana hablaremos de eso. Pero por ahora entramos a ver si todo este proceso tortuoso en la búsqueda de la apariencia perfecta entre el caos valió la pena.

susana.moscatel@milenio.com

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