Estado fallido

Y ahí empieza la corrupción

No saben qué emoción me dio llegar al Centro Cultural Chapultepec para (por fin) poder ver la puesta en escena El vestidor, protagonizada por dos actores que considero son de los más excelso que el teatro nacional nos ha brindado. Héctor Bonilla y Bruno Bichir nunca están sin trabajar en al menos una etapa de alguna importante obra de teatro. De todo tipo, llenas de pasión, siempre impactantes.

Ya había leído aquí a René Franco decir que estábamos completamente locos si no íbamos a verla. Con el texto, ya montado años atrás por Bonilla y López Tarso un poco de perspectiva no podía estar más de acuerdo. Llegué feliz y sin duda me emocioné, me angustié, viví, morí, viajé por el tiempo y, en los ratos de intermedio, vi  a mi alrededor.

Una buena amiga de la infancia había llevado a su hija. “Un trabajo de la escuela”, me dijo. Me emocioné. Vi que estaba razonablemente poblado todo de estudiantes de secundaria. Gran idea. Así se enamora uno del teatro.

Pero luego se nos acercaron unos chavos a pedirnos que si les regalábamos nuestros boletos de entrada. “No, lo siento”, respondí sorprendida. “Es que yo los colecciono. ¿Para qué los quieres?”.

“Es que así la miss cree que vino mi amigo, y yo se lo puedo vender por una lanita”. Así. Sin vergüenza. Sin preocupación. Sin que pasara por su cabeza que el acto que estaba tratando de cometer no era más que un simple hecho de corrupción. Y yo, devastada, porque un niño más se perdería tan grandiosa obra.

Bravo por los maestros que mandan a sus estudiantes al teatro. Y ahora les sugiero que para los que tengan teléfono con camarita, incluyan una foto en la taquilla también. Nadie dijo que promover la cultura era fácil. No siempre todo es culpa del gobierno.

 ¡Me lleva!

¿No alcancé boletos para el reencuentro del Monty Phython ni para las nuevas fechas de Billy Joel en el Madison Square Garden?

Duda médica

¿Cuando estás malita en cama ver realities shows de las Kardashians es un factor para enfermarse mucho más?

Aviso a la Beliebers violentas

¡Alto con sus deseos apocalípticos contra los que no vemos el mundo desde la secta Justiniana! Su supremo líder nunca querría eso para ustedes. Créanme, es Justin Bieber, no Charles Manson. Por su atención, gracias.