Estado fallido

Un adiós entre sonrisas

Anoche en MILENIO Televisión transmitimos un reportaje acerca de la carrera de Jorge Arvizu, El Tata, y ocurrió algo que yo no había visto que pasara antes. Gran parte del equipo que trabaja en el estudio se detuvo para ver intensamente la pantalla y sonreían como niños viendo las imágenes de Benito Bodoque, Pedro Picapiedra, algunos de los Looney Tunes, las Chicas superpoderosas y tantos más. Fue particularmente conmovedor porque todos se veían completamente absortos en sus recuerdos. Y créanme, esto no pasa muy seguido en las noticias, sean las que sean. Por estos monitores hemos visto todo. Pero hubo algo tan particular y hermoso respecto al talento de este hombre que no pudo más que surtir ese efecto.

Las nuevas generaciones nunca entenderán esto, pero hace apenas un par de décadas simplemente no teníamos opciones televisivas. Por lo mismo había una de dos: o aceptábamos y consumíamos como zombies lo que había en esos televisores o nos volvíamos parte de esa muy vocal minoría que decía que todo era una absoluta basura. El tiempo tiene que pasar para que tengamos esa perspectiva, tal vez, pero me da gusto saber que no nos esperamos hasta hoy para reconocer y decirle a Jorge Arvizu que él era absolutamente el mejor en el mundo para hacer lo que hacía.

No estaba solo, no era un santo, no fue logro de un solo hombre, pero me como mi zapato si alguien puede decirme que este hombre no fue parte fundamental, hermosa y positiva de tantas de nuestras infancias. ¿Cuántas veces cantamos el “Aloha Hawaii” al estilo Benito Bodoque? ¿Cuántos recuerdos? Y cuántas historias que de niños nunca hubiéramos entendido pero que El Tata y sus contemporáneos gozaban de contar años después.

Resulta que en los sesenta y particularmente los setenta, no era tan estricto el control que las productoras originales de los programas a ser doblados regían sobre las producciones en español. Y estos grandes actores se daban una divertida como los grandes, cambiando significados, aplicando algunas veces dobles sentidos, y simple, y sencillamente pasándola tan bien que casi todos aseguramos que esos programas eran mejores en español que en su idioma original.

No había nada ahí que pudiera arruinar la inocencia de un niño, pero como adultos y creativos brillantes que eran había un mar de historias que quedaron registradas para siempre en estas caricaturas.

Siempre es triste dar la nota de un artista que ha fallecido, pero no siempre se logra que todo sea a través de las inevitables sonrisas de nostalgia, más allá de cualquier polémica, que nos haya provocado su trayectoria.

¡Que alguien me explique!

¿Por qué si Cinépolis tiene literalmente las mejores palomitas del mundo (las enchiladas) las han desaparecido (aunque sea temporalmente) por unas cosas de queso en polvo que no merecen ni ser mencionadas? Está bien, es cuestión de gustos pero por este medio levanto la mano para declarar que hasta he entrado a ver películas que no me interesaban simplemente por la idea de comerme ese maíz inflado con chilito. ¿No volverán? Sería una muy triste decisión para mí y muchos en mi clan. 

susana.moscatel@milenio.com