Estado fallido

Werever- lo que haga

En vísperas de los aparentes problemas legales con un ex socio y la preocupación de los millones de fans del Werevertumorro, hay dos cosas importantes respecto al vloggero más exitoso de nuestro contexto y de todo el fenómeno que ocurre a su alrededor. La primera es que hay que entender que fue él (con su gente) quien originalmente reconoció el esquema de comunicación que vendría a dominar a las nuevas generaciones y aprendió a hacer un gran negocio con él (con sus socios). 

Pero la otra, y eso NADIE se lo puede quitar, es el personaje que es y la manera en la que los jóvenes se identifican con el trabajo de Gabriel Montiel. Eso, sin importar lo que pase en términos de negocio, nadie se lo quita y se lo puede llevar adonde sea porque, pues porque es él. Con o sin uso de su nombre.

Nada que tenga éxito estos días se va limpio de litigios (o de divorcios entre socios, lo cual parece ser el caso aquí) y sean cuales sean las complicaciones que lo sacaron de circulación por algunos días, no serán más importantes que el deseo de sus seguidores de encontrarlo. Lo mismo digo por su talentoso hermano Alex, quien ha abierto brechas con los mismos formatos en el mundo del periodismo cinematográfico. 

El caso es este: ya no es el medio ni sus complicaciones lo que manda. Ni YouTube ni Google están provocando esto. El poder de los individuos en estos nuevos esquemas de comunicación es infinitamente mayor al de las televisoras. Pero imaginen esto para ponerlo en contexto: si una actriz de telenovela se pelea con su mánager, ¿resulta responsable Televisa de los daños? 

La diferencia es esta: si por algún motivo Gabriel acabara llamándose el vloggero antes conocido como el Werevertumorro (reverencia a Prince) el público seguirá ahí. Y mientras el contrato entre socios y la litigación pendiente no le impida seguir haciendo lo suyo (espero que no) entonces, sin la menor duda y como él dijo, habrá otro canal (seguramente también de YouTube) donde todos, con un clic lo encontrarán de nuevo. Es el poder del esquema actual, del (excesivo en ocasiones) peso de la personalidad del que habla por sobre lo que dice. De los fans leales a muerte a un formato y personaje. Pero no me parece que sea un tema de libertad de expresión en absoluto, es un asunto práctico en términos legales que espero, verdaderamente, se resuelva ya. Estos chavos son demasiado talentosos y queridos como para que pierdan el tiempo en temas legales.

Bien por el 13

Muchas veces las asignaciones de ejecutivos en las televisoras no son asunto de nadie más que de los involucrados, pero puedo decir que la noticia de que Rodrigo Fernández ya no solo es director del Azteca 7, sino del 13 también, es una buena noticia. ¿Por qué es esta buena noticia? Creo que si se han asomado últimamente a ambos canales no tendrían ni por qué preguntarlo. No es posible olvidar que la televisión abierta es y debe ser un negocio que funcione y, después de varias pláticas con el ejecutivo, siempre ha quedado claro que eso es un importante tema. Pero también ha demostrado que a pesar de conocer con precisión qué necesita el público, eso no significa que no se pueda innovar, experimentar y generar nuevos formatos que funcionen en la televisión mexicana. Francamente y ya por años, la diferencia de calidad entre el 13 y el 7 era absoluta. Canales hermanos, sí. Pero la manufactura del 7 y sus decisiones de programación han sido más valientes, efectivas y, francamente, de buen gusto. Así que sí, esta es una buena noticia. Seguramente veremos muchos menos papelitos volar por la pantalla del 13 y un poco más de contenido de ahora en adelante. 

susana.moscatel@milenio.com