Estado fallido

Voces por todos lados

El guía del tour de los estudios Universal dijo en su micrófono: “Me imagino que deben estar muy felices. Hoy van a salir en la tele. ¡Quiero oír sus gritos de la emoción”. Y, en efecto, todos gritamos. Pero no tardé en darme cuenta de que mientras que mi grito era un tanto burlón y sarcástico, el de la mayoría de los acompañantes era auténtico y bastante eufórico. Claro, ellos iban a ver a sus familiares o amigos competir en la semifinal de TheVoice, programa que en Estados Unidos se transmite por NBC. Yo iba como invitada para cubrir todo el numerito y, como cínico miembro de la prensa, no pude evitar caer un poco en esa horrible actitud que nos permite hacer nuestro trabajo pero no siempre gozarlo: ya saben: “Esto ya lo he visto antes”.

Llegamos al estudio 12, donde se han filmado joyas como Scarface, Regreso al futuro y Parque Jurásico. El espacio más grande de todo el lote y no pude dejar de pensar lo importante que debe ser este programa para Universal/NBC como para dejar gran parte del año congelado ese espacio para un programa.

Para ser honestos, lo que hace Televisa de la versión nacional de The Voice/La voz es bastante admirable en el sentido de producción y aún mejor en adaptación, aunque me parece imposible pensar que los recursos que con los que se cuentan aquí alguna vez los vayamos a ver en la televisión mexicana. El resultado puede ser similar, pero hay un par de diferencias. El calibre del talento invitado y la precisión con la que se lleva a cabo este show.

Me acuerdo que, desde pequeña, cuando veía al público en Siempre en Domingo y Chabelo aplaudir al mismo tiempo sentía un poco de terror. No podía evitarlo, las masas siempre me dan miedo. Desde entonces he visto muchos programas de televisión trabajar así, pero honestamente no había visto a un público tan dispuesto para convertirse en una erupción de ruido y gritos instantáneos como lo fue aquí. Claro, hasta a mí se me olvidó mi superpoder de “no me importa nada”, cuando salió Adam Levine, uno de los coaches y cuando Pharrell cantó con Snoop Dogg su nuevo sencillo, “California Rolls” (estoy segura de que es una oda a la mota), me sentí muy feliz. Incluso lograron involucrarme con las historias de los competidores que, confieso, no conocía. Y no a través de dramas familiares o lástimas como a veces vemos en otros programas de nuestro país, sino con su ambición y sueño.

En ciertos momentos, cuando la cámara no apuntaba hacia ellos, vimos la parte más humana de los famosos involucrados. Christina Aguilera, aferrada a su café contándole alguna historia agitada a Levine (nada tonta mi Chris) solo deteniéndose para ver si estaba en pantalla. Pero quien me acabó dando un poco de miedo fue el conductor Carson Daly. Miren, los he visto a todos trabajar y a la gran mayoría en vivo. Pero este hombre es un robot. Y un profesional. Nunca había observado a alguien que no se saliera de su papel de conductor (serio) ni un segundo de la grabación. Ni en el corte comercial. Y que no mostrara expresión alguna. Que supiera exactamente dónde estar parado cuando deba hacerlo. Carson me da miedo. Tenía ganas de preguntarle “¿Hay alguien ahí?”, pero la verdad es que su trabajo es tan impecable que no me queda la menor duda de que seguirá encumbrado donde está. Aquí les dicen TV personality y, en efecto, eso es. Alguien con personalidad de y para la televisión.

La visita, organizada por Sony Entertainment Television, donde se transmite The Voice en todo Latinoamérica fue un deleite de principio a fin. Sobre todo para alguien que aprendió que siempre habrá algo más que aprender. Y nunca hay que dejar de observar más allá de lo que creemos saber. Todo esto y buena música… nada mal para un martes en la tarde. 

Que alguien me explique

¿Cómo le celebramos a Diego Luna su próxima participación en Rouge One, spin-off de la Guerra de las Galaxias? ¿Y cómo agradecerle que mientras esto se anuncia, el actor sigue haciendo teatro por todos lados? Bravo, Diego.

¿En serio?

¿El Partido Verde está mandando boletos gratis para ir a Cinemex a la casa de personas a quienes llaman “afiliados” pero que nada tienen que ver con el partido? ¿Así o más repugnante?

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