Estado fallido

¡Venga el gigoló!

Estoy muy feliz de ver la cartelera y saber que este fin de semana se estrena Casi un gigoló (Fading Gigolo) en varias pantallas de nuestro país. Estoy feliz, porque hace tres meses, cuando me encontraba trabajando en Nueva York, vi que existía la película solo por un escondido póster en una sala de cine y casi me voy para atrás.

¿Woody Allen? ¿Sharon Stone? ¿Sofía Vergara? ¿Vanessa Paradis? ¿Liev Schreiber? y, ante todo, ¿John Turturro? ¿Por qué no estaban gritando desde cada azotea de la Gran Manzana que esta película estaba en cartelera? ¿Por qué no era este uno de los estrenos más anticipados del año? ¿Qué esperanza tendríamos para que semejante combinación de brillantes elementos llegara a nuestras pantallas?

Contestemos en orden las preguntas. Primero, por una completa falta de presupuesto. Y claro, por el hecho de que para muchos, Turturro, quien dirige, escribe y protagoniza la cinta, es considerado uno de los dioses del cine independiente. Sí, era un estreno esperadísimo, pero en sectores muy especializados y de nicho, que tienen su propias publicaciones y, sobre todo el beneficio de las recomendaciones, de boca a boca. Aun así, ¿Woody Allen y Sofía Vergara en lo mismo? ¡Eso hay que verlo, aunque lo único que quieras ver en el cine sea a los Transformers, ¿no?

Así que con feliz anticipación me metí a ver la película del hombre que empezó su carrera con un pequeño papel en Toro salvaje, que ha hecho cosas importantes con los hermanos Coen y, más aún, con Scorsese; que ha hecho grandes series de televisión y que escribe como los dioses, pero que goza de la misma manera jugar al cine con Adam Sandler (ya lo ha hecho tres veces). Turturro no es un hombre que se deje estereotipar.

Primero me pareció todo tan Woodyalanesco, que me relajé y gocé mucho el territorio conocido. No, que Turturro lo necesite, pero no tengo la menor duda de que la mano de Allen está también en ese guión. Y, como suele ser cuando lo vemos en pantalla, Woody interpreta alguna versión de sí mismo. Simplemente con eso, ya estaría satisfecha.

Pero en lo que la trama avanza (dos amigos de edad razonablemente avanzada, con problemas económicos que deciden vender algo más que flores a las mujeres para salir a flote) comencé a gozar el giro psicológico y religioso mucho más de lo que imaginé. Es cierto, en Nueva York todas las culturas confluyen, pero se mantienen firmes en su negación a asimilarse. ¿Qué pasa cuando una viuda judía religiosa, que no permite la menor manifestación de afecto físico, se topa con estos dos? Los resultados son deliciosos, delirantes y solo el principio de las sorpresas.

A ratos Turturro flaquea en su ritmo de dirección, pero para entonces, al menos yo, ya tenía mis emociones y sonrisas tan invertidas en las complejidades de estos señores, que el hecho no me molestó demasiado. Es otro tipo de cine, y sí, tal vez de cierto nicho, pero es un estreno que no esperábamos ver en México y celebramos con todo que aquí esté. Dense la oportunidad, es definitivamente una perfecta contraprogramación para las explosiones veraniegas.

¿En serio?

¿Ven mal que la reina Letizia haya repartido muestras gratis de productos en la farmacia más popular de Gran Bretaña? A mí me parece fantástico saber que trabajó aquí (literalmente) y allá antes de dedicarse a “reinar”, sea lo que sea. Mejor una mujer que ha vivido y salido adelante, que alguien que esperó el beso mágico o la bendición de su hada madrina, ¿no?

susana.moscatel@milenio.com