Estado fallido

Vaginas parlantes de México toman Manhattan

Suena sencillo, pero la comunidad teatrera de Broadway y Off Broadway generalmente solo deja que llegue talento de fuera por motivos muy específicos. Uno es el poder de una estrella. Si Hugh Jackman, que es australiano, decide pararse, por ejemplo, sobre el escenario del Neaderlander Theatre, seguramente habrá algún tipo de intercambio entre sindicatos y productores para que se logre de inmediato, como ha pasado varias veces. Finalmente, no cualquiera logra una ovación de pie y taquillas llenas con solo pararse sobre algunas de las tablas más exigentes del mundo. Y luego, bueno, el talento es para morirse.

¿Otro tipo de historia? La de la querida, sencilla y brillante Bianca Marroquín, quien acaba de recibir un reconocimiento como embajadora de nuestros lares por aquellos (más merecido no podría ser) y que logró dar el salto desde que los productores de Chicago, quienes habían visto su avasallador trabajo en la puesta en escena mexicana hace ya tantos años, y al platicar con su productor Morris Gilbert, con quien habían negociado la puesta en escena en el entonces Temex 1, descubrieron que tenían una nueva Roxie Hart para Broadway (el hecho de que Bianca fuera 100 por ciento bicultural ayudó a más no poder) y el hecho es que ella regresa y regresa y cada vez la vemos mejor, ya sea en México o en Nueva York.

¿Pero cuál es la siguiente frontera? Es delicioso ver cuántos productores más allá de Ocesa han aprendido a negociar y (en algunos casos) respetar los atributos de la obra original en México. Por más de una década Wicked parecía el sueño imposible y ahora ahí la tenemos erguida y con rumores (siempre cambiantes, aún no confirmados) de que alguna de sus protagonistas está tan espectacular que pronto la veremos por la calle 56 y Broadway desafiando la gravedad. 

Ya sé que cosas muy específicas como Aventurera han pasado por Nueva York, pero ¿para qué nos engañamos? El proyecto era muy distinto y el tema no era competirle al Fantasma de la Ópera a Chicago o siquiera a Avenida Q (que fue muy divertida en México y me dicen que lo volverá a ser).

¿Qué es lo que sí vamos a llevar para allá? Con toda la intención y deseo de que sea temporada y que con ello se abra una nueva era de producción en español en la Gran Manzana. Pues serán los Monólogos de la vagina, que en este momento están pasando por una actualización y adaptación para que le hablen a todas las mujeres, a todas las personas de habla hispana que componen a la muy diversa comunidad latina de Nueva York.

El proyecto es más que ambicioso, porque después de trece años sin interrupción en México, la misma Eve Ensler (su creadora) nos decía a las participantes entre abrazos y besos lo orgullosa que se sentía de lo logrado por acá. Así que el mismo equipo de producción está, una década y media después, revistiendo los textos, viendo cómo el mundo ha cambiado para las vaginas (en muchos tristes casos, la cosa se ha puesto peor) y preparando el regreso al mismo espacio donde esto ya ocurrió en inglés hace muchos años. ¿El elenco? Pues nuestro idioma es primordial y definitivamente debe tener una gran identificación con el público natural de Off Broadway. Además, el tema de las visas de trabajo no es cualquier cosa. Pero ya se tienen varias buenas opciones y pronto se estará haciendo un anuncio al respecto.

¿Funcionará?

 Yo quiero imaginarme que sí. La verdad es que lo que puedo compartir como experiencia personal es que muchos de esos textos van o creciendo con la persona, quedándose atrás (dejándonos entender cómo hemos crecido cual mujeres) o simplemente nos llegan de golpe, sin imaginar que de pronto algo que ya habíamos escuchado tantas veces podría develar algo que no sabíamos o recién descubrimos de nosotras mismas. Es un gran ejercicio personal repasar una y otra vez esos textos y ver quién era hace quince años, que los vi, viví e hice míos por primera vez, y quién soy ahora. La misma Eve Ensler me dijo emocionada que le pasada lo mismo. Ahora llevando nuestra experiencia colectiva a Nueva York no solo se abren las puertas de una de las dos zonas teatrales más importantes del mundo para la visión mexicana, sino que al darle una actualización y una adaptación a la diversidad cultural latina podemos aprender mucho, mucho más de lo que hemos vivido, crecido y cambiado como mujeres a través de los últimos quince años. Es profundamente emocionante y ambicioso. 

susana.moscatel@milenio.com