Estado fallido

Trabajar en la tele abierta

La primera vez que cancelaron un programa de televisión del que yo era parte me enteré en un pasillo. Quien había sido mi maravilloso maestro de cine en la carrera y ahora era un ejecutivo en Tv Azteca me vio y me preguntó: “¿Estás bien?”. Yo estaba feliz, así que no entendía por qué, hasta que me explicó que dos días antes en una junta habían decidido sacar del aire el programa que hacíamos, que se transmitía a la una de la tarde en el Canal 7 y era un noticiario para jóvenes (sí, todos hemos tenido esa idea).

El mundo pareció oscurecer y corrí con mi jefe a preguntarle. ¿Se pueden imaginar mi mortificación al enterarme que él no sabía nada?  Lo supo por mí. Para la tarde, después de que él fue a preguntar, ya era oficial. Y esa noche no dormí pensando que mi carrera había acabado antes de que hubiera comenzado.

Han cambiado tantas cosa desde entonces, pero eso no. Los programas entran y salen del aire abruptamente como decisiones corporativas. Y los que están ahí por amor a lo que hacen o simplemente porque creen que ese es el camino para un futuro estable generalmente se equivocan. Sobre todo los que no son personajes consagrados del medio y seamos honestos, ¿desde hace cuántos años que ni se generan ese tipo de personalidades televisivas?

Lo que está pasando en todas las televisoras, los recortes de programas de un momento al otro, debe ser sin duda de impacto y profundo dolor para muchos de ellos. Para aquellos que pensaban que ya iban en camino. Para otros que incluso comentaron en redes sociales, correctamente, que habían dejado otras chambas por hacer estos nuevos programas. Lo que me sorprende es que alguien realmente haya pensado que “la nueva era de la televisión” iba a cambiar el simple hecho de la vida de que la televisión es un negocio que no opera, como suele ser en ese contexto, con emociones, sino con números y rentabilidad.

Es un terrible encuentro de mundos, gente apasionada que trabaja por amor a lo que hace (y claro, para vivir) vs. los que lo hacen posible pero van por la ganancia financiera. Los éxitos surgen de consolidar ambas partes y en estos tiempos de tanta inestabilidad mediática y publicitaria eso es cada vez más difícil.

Por ello ya no son sustentables los costos que vienen con los grandes consolidados que salieron del aire esta semana, argumentan los letrados en finanzas. Por eso es difícil apoyar y darle tiempo a que florezcan los nuevos proyectos, dan a modo de explicación. ¿Pero entonces qué queda en medio? ¿Qué puede competir contra las redes? ¿Quién va a poder hacer algo en televisión abierta que capture al tan codiciado grupo de jóvenes con recursos económicos quienes aseguran que no ven la tele ni por error? Mientras tanto, hay muchas personas, veteranos y principiantes de todas las televisoras, que se quedaron sin chamba esta semana. Los que llevamos años en esto sabemos que eso no es el final de la carrera de nadie, a menos de que se rindan. Pero también sabemos lo horrible que se siente, y eso sí lo siento mucho. Sobre todo cuando algunos hoy en día se enteran en Twitter y no en el pasillo de la empresa que se han quedado sin trabajo.

¿En serio?

¿Podría ocurrir algo mejor en el mundo (de las malas películas) que la actriz Amy Schumer interprete a Barbie

Twitter: @SusanaMoscatel