Estado fallido

¡Tómenla, infieles!

Siempre es conflictivo cuando un grupo de hackers decide hacer justicia por su propia mano, sobre todo cuando uno está de acuerdo con la causa que ellos promueven. La verdad es que no hay camino más directo al caos que aplaudirles cada vez que logran infiltrarse en alguna organización, gobierno o negocio que no nos gusta y crear así una verdadera pesadilla para estos. Y lo cierto es que aplaudirle a esto solo nos hace vulnerables para que tarde o temprano nos pase a todos. Pero hasta yo debo admitir que reí al enterarme de lo que hicieron con el portal de internet Ashley Madison, que se dedica a organizar infidelidades alrededor del mundo.

Mi problema con este negocio nunca ha sido moral. Por un lado es emocional, quizá; no me gusta el engaño y es todo un negocio diseñado para lucrar con el potencial dolor del de enfrente. Pero las infidelidades van a ocurrir sea como sea, y lo más probable de todo esto es que el verdadero problema está basado en esa ridícula idea de que la monogamia total es la única manera en la que todo mundo vive. Que cuando ocurre lo contrario es la excepción. Que hay que tirar todo por la borda cuando pasa. Que casi no pasa.

Así que no. Mi problema con esta empresa nunca ha sido moral. Ni práctico. De hecho, pensaba que estaba bien que existiera una manera segura de hacer estas cosas si de por sí iban a ocurrir. ¿Pero qué creen? Este grupo de hackers, que aseguran tener la información crediticia y los deseos más perversos de los más de 36 millones de usuarios del portal, nos está diciendo que no hay seguridad alguna. Y que si la página, un negocio millonario, no cierra, los harán públicos.

¿Pero saben lo curioso? El problema de los hackers con la empresa tampoco es moral. Ellos aseguran que hay un costo extra porque la información proporcionada a la compañía desaparezca para siempre y que, a pesar de que tantos la pagan, ésta se queda ahí en sus archivos. Por eso el descontento y la amenaza. ¿Qué hará esta horda de infieles cibernéticos ahora?

En lo personal, he recibido infinitas propuestas de entrevistas para nuestro programa de radio por parte de la gente de relaciones públicas de este negocio y hasta hoy me había negado a pronunciar su nombre en público. Claro que siempre es divertido hablar de sexo al aire, pero anunciar a estos cuates a cambio, para mí no lo valía. Y menos cuando en un boletín de prensa usaron el nombre de una actriz que se había metido en problemas con su pareja al invitarla a ser su vocera. Me pareció despreciable: ella no aceptó, por supuesto. Estaba demasiado ocupada en tratar de no perder a sus hijos. Pero la publicidad se la hicieron y muchos retomaron el boletín como si fuera un hecho aceptado.

Así que no. No me gusta que los hackers decidan qué está bien y qué está mal a la mala. Pero admito que al menos fue una interesante la oportunidad de poner este tema en la mesa y discutirlo. Solo porque la tecnología lo permite, ¿se vale de todo ya en este mundo?

¿En serio?

Acabo de ver la noticia de un adolescente que fue el único que salvó a una mujer que estaba atrapada en su coche en llamas, ¿porque todos los demás estaban muy ocupados grabando con sus celulares?  

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