Estado fallido

Tiburones, perros y tornados

Eso de tener que promover tu película que trata de tornados la misma semana que el fenómeno de Sharknado llega a la pantalla chica por segunda ocasión (tiburones atrapados por un tornado que ahora ataca Nueva York) no es cosa fácil. Pero si es un proyecto con el que llevas trabajando más de tres años y por el que te has apasionado a morir, no dejas que algo así como un fenómeno de culto clase B te afecte demasiado.

 Por lo menos eso parecía ser el caso de todo el elenco y el director de Into the Storm, todos aceptando que mueren de la risa con la cinta de los tiburcios voladores, pero que nada tiene que ver una cosa con otra. Si bien hay una comparación relevante, sería con Twister (Tornado) de 1996, y ése es verdaderamente el reto al que se enfrenta el director Steven Quale (quien ha trabajado con James Cameron tanto en Titanic como en Avatar). Sin embargo, después de haber sobrevivido dos años en posproducción (la compañía de efectos especiales con la que trabajaban quebró y tuvieron que empezar de cero otra vez), surge esta cinta, que busca romper algunos paradigmas de la narrativa, mientras nos adentran a varios tremendos desastres naturales (¿sabían ustedes que los tornados de fuego sí existen?).

Lo que me pareció fantástico fue lo que me respondió el director cuando le pregunté si eso de que el perro siempre se salva en las películas de desastres es una ley no escrita en Hollywood o si cada director lo decide por sí mismo, “¡Hey! ¿Quién mataría al perro? Eso simplemente es cruel”, dijo entre risas. “Yo amo a los perros, pero tienes razón, parece ley, ¿verdad?”. Pues sí. Y lo es. A menos que seas Tim Burton, por supuesto.

Reviviendo el color

Aunque hace dos años la compañía quebró oficialmente, los creadores de la fotografía y el filme tal y como los conocemos no se han rendido en su lucha por seguir siendo parte de la industria cinematográfica. Se comenta aquí en Los Ángeles que ejecutivos de Kodak se han reunido con cineastas como Chris Nolan, Quentin Tarantino y hasta Judd Apatow (quien hace comedias de tono subido y no precisamente obras visuales) para asegurar que seguirán siendo defensores y usuarios del celuloide y que no se rendirán ante la tentación de hacer sus producciones de manera digital. Ellos, en particular, se han expresado en varias ocasiones al respecto, pero la idea es ir creando nuevos adeptos en las más recientes generaciones de cineastas para lograr salvar ese pequeño pedazo de arte que ya parecería estar en vías de extinción. Es obvio que por el costo y la facilidad que implica lo digital, ésta no va a ser una tendencia que cambie, pero mientras haya artistas influyentes que insistan que no hay nada como filmar una película, todavía queda un poco de esperanza para Kodak. ¿Y por qué no? ¿Quién pensaría, por ejemplo, que los viniles han vuelto a ser un negocio profundamente redituable en 2014? La nostalgia y ese toque de calidad que solo las viejas tecnologías brindaban no se ha echado por la borda por completo.

¿En serio?

¿De plano no se pudo sacar a Daniel Radcliffe en público sin que nos volviéramos locos? 

susana.moscatel@milenio.com