Estado fallido

Temporada de cortinas de humo

En México sí existe una gran industria que se dedica a generar constante y efectivamente ese maravilloso elemento de la vida que conocemos como cortinas de humo. ¿Pero qué creen? No siempre es el gobierno. No siempre son las televisoras. Y tampoco suele ser alguna secta secreta con una agenda apocalíptica que maneja todos los poderes fácticos de nuestro existir. No. ¿Saben quién es? Nosotros mismos. Los ciudadanos de pie. Los que respiramos conspiraciones más naturalmente que el aire. A los que nos encanta pensar que siempre hay una explicación más compleja para las cosas de lo que realmente son.

¿Ustedes han puesto o abierto en estos días ese post de no sé qué blog de Oaxaca que asegura que ya viene el terremoto que acabará con todos nosotros? ¿Han tuiteado algo acerca de cualquier evento festivo y su macabro plan para  distraernos de lo miserable que es en realidad nuestra vida? ¿Han entrado en pánico y brincado a conclusiones sin fundamento porque su locutor hizo algo raro al aire?

Esas son las cortinas de humo. Las que generamos con nuestra paranoia, nuestro deseo apocalíptico, nuestra necesidad de siempre creer en lo peor. Lo de hoy es que el gobierno quiere que las reformas no sean vapuleadas en los medios populares de comunicación. Estoy segura de que eso es cierto, pero (cuando lo logran) no cuentan con técnicas tan sofisticadas para que sea así. Con la televisión abierta no tienen que hacer nada. ¿Pero en serio piensan que hay algo así como un convoy de hombres de negro gubernamentales que aparecen instantáneamente en la cabina de Toño Esquinca para interrumpir una canción y una transmisión por la insinuación de que el Mundial esté arreglado? ¿Qué si las reformas tendrían algo que ver?

Ahí algo pasó, pero el resultado, les puedo asegurar, no es debido a un acto espontáneo de censura. Así no funciona la censura en los medios de comunicación, con un instante dramático, una canción interrumpida y una declaración histriónica. No. Lo que sí funciona así es la mente de alguien que sabe aprovechar de manera brillante una situación cualquiera para hacerse aun más popular. No se angustien por su locutor, está mejor posicionado que nunca para seguir haciendo lo que hace. Y lo que hace es entretenimiento, no editoriales políticos. Así que calma. No creo que La muchedumbre esté en peligro.

Es muy curioso, porque todos los que hemos estado en la radio hemos sido acusados de ser vendidos si declaramos algo que a alguien no le guste. “¿Cuánto te paga el gobierno por decir bla, bla bla”, “¿Qué te dio López Obrador para que le aplaudas sus numeritos?” No importa de qué lado de la moneda estés, ese siempre será el resultado. A veces tienes los dos resultados completamente  opuestos por una sola opinión. Cada quien entiende lo que quiere. Y esa es la mejor de todas las cortinas de humo, la eterna disposición que tenemos como sociedad en creer siempre en lo peor. Piensa mal y acertaras, dice el refrán y a veces es cierto. Pero también, en muchas ocasiones nos hace tan predecibles que nosotros nos convertimos precisamente en el humo de esa cortina de la que tanto nos quejamos.

¿En serio?

¿Van a arreglar la campaña de lactancia del Gobierno del Distrito Federal? ¿Ya no debemos tener abdomen de lavadora para ser buenas madres? ¡Bravo! 

susana.moscatel@milenio.com