Estado fallido

Tarde para "Keiko"

Hay documentales que llegan, impactan y se van. Nos dejan con la sensación de que deberíamos estar haciendo algo al respecto, pero no sabemos qué. Como ejemplo no podemos dejar de citar la sensación de frustración que a tantos nos dejó todo lo que pasó después de Presunto culpable. ¿El Senado debatiendo sobre prohibir las cámaras en los juicios? Triste efecto secundario de un extraordinario logro periodístico.

Pero ahora el documental en cuestión pone otro tema completamente sobre la mesa. Ya habíamos hablado de él, se llama Blackfish y es una certera y absoluta crítica mortal a todo el sistema de Sea World y al entretenimiento que surge a partir de la captura y el mantenimiento de las orcas en cautiverio. Este trabajo logró que la percepción de lo que es este tipo de entretenimiento, considerado familiar y sano, cambiara y comenzara a ser visto como perverso, cruel e innecesario. Pues bien, Blackfish no habrá sido nominado para el Oscar, pero lo que ya logró es que surja una iniciativa de ley en California, donde se encuentra el Sea World más famoso de todos, para que simplemente sea ilegal seguir haciendo entretenimiento con estos impresionantes animales marinos. ¿Se imaginan las cosas que podrían haber descubierto con el pobre Keiko de haber hecho esto hace 20 años? Aquí le hacíamos telenovelas y lo rentamos para interpretar a Willy (trágico porque al final su liberación lo acabó matando), pero en Sea World gran parte de la comunidad artística que se contrataba para cantar ahí ha estado cancelando poco a poco.

La batalla legal es de titanes, sin la menor duda. La empresa de ‘sano entreteniendo familiar’ tiene más abogados que Vito Corleone. Pero no cabe duda que, pase lo que pase, este documental ya cambió mentes para siempre. Yo en lo particular, que crecí amando Sea World, lo último que haría en mi vida después de ver este documental sería llevar a un niño.

Selfies contra reporteros

Antes era el autógrafo. Cuando los reporteros de entretenimiento nos encontrábamos en una situación de sacar una entrevista banquetera o chacaleo, nunca faltaba el fan que se paraba con un disco, cuaderno o póster tapando el acceso a nuestro objetivo periodístico y generando una situación complicada de trabajo. Pero ahora es mil veces más difícil. ¿Por qué? Por las malditas selfies. No es lo mismo estirar el brazo y pedir que te firmen algo a luchar con toda tu masa corporal, mientras estiras el brazo a todo lo que da para poder salir en la foto con tu artista favorito. ¿Hay una entrevista en progreso? ¡Eso que importa si la selfie peligra! Es un problema absurdo y hasta chistoso. Hasta que llegas a tu redacción y lo único que ves es un catálogo de celulares.

susana.moscatel@milenio.com