Estado fallido

"Star Wars" y Chespirito

El viernes pasado se dio a conocer el primer avance oficial de la Guerra de las Galaxias VII. Habían pasado un par de horas de esto cuando nos enteramos que había muerto Chespirito, así que los medios de comunicación tradicionales, evidentemente, nos volcamos con todo ante esa triste noticia, pero la Galaxia se quedó esperando.

Es muy interesante pensar que hoy los acontecimientos más relevantes en asuntos de cultura pop, para tantos de nosotros, tengan que ver de tal manera con los años 70, y el cierre de la semana pasada hizo que cambiáramos de era en lo que probablemente fueron los dos fenómenos más relevantes de su momento: a escala internacional el invento de George Lucas y en lo nacional el de Roberto Gómez Bolaños.

Pero lo interesante es ver cómo las mismas creaciones, evolucionadas y revolucionadas, ahora son analizadas con uno de los lentes que, yo diría, más caracteriza a nuestra sociedad moderna: el de lo políticamente correcto. En exceso, de hecho.

Por ejemplo, una de las primeras reacciones ante el tráiler de Star Wars fueron comentarios racistas y desafortunados en las redes sociales al descubrir que el primer Storm Trooper que aparece es negro. Con las tensiones raciales que se viven en Estados Unidos estos días, eso despertó una batalla virtual que acabó siendo burla de comentaristas de la televisión como Steven Colbert y fue rematado con un tuit del actor que interpreta al soldado galáctico John Boyega, quien básicamente le dijo a los que se quejaban “acostúmbrense”.

De la misma manera, en nuestro país hemos leído y visto análisis de sociólogos, politólogos, columnistas, blogueros y tuiteros que ponen al Chavo y al Chapulín como ejemplos claros de lo que es o no es la sociedad mexicana. Algunos lo equiparan con la permanencia de un imperio televisivo y sus nexos con el poder. Otros aplaudimos que haya existido un comediante capaz de tomar la triste realidad de un niño pobre y darle un rostro y aspiraciones para el mundo. Hay también los que se molestan porque la única expectativa del personaje era una torta de jamón. Lo que es cierto es que todos, absolutamente todos, tenemos algo que decir al respecto.

Pero algo queda claro. Ya no son los años 70, pero aunque estamos profundamente más contaminados de desinformación y de falta de inocencia, aún nos enamoran los mismos conceptos. Y estos regresan en nuevos formatos para las nuevas generaciones. Yo no sé, me queda claro que existe toda una generación que vive en un cibermundo ajeno por completo al de los medios masivos. Pero asumo que hasta a ellos les interesa saber de la Guerra de las Galaxias. Y quizás, aunque ellos fueron la generación que se perdió a Chespirito, los niños de hoy lo tienen tan claro y querido como lo teníamos nosotros.

Sí. Todo será criticado, analizado y juzgado en estos tiempos. Pero honestamente, a pesar de nuestra coraza de cinismo que hemos tenido que construir para protegernos de tanta porquería y tanta mentira, me parece que nos siguen emocionando hasta las lágrimas las mismas cosas. Y no hemos logrado echarlas a perder. Espero que la fuerza nos acompañe con nuestro escudo, que es un corazón.  

susana.moscatel@milenio.com