Estado fallido

"Spoilers" en tiempos de Netflix

Natasha Lyonne y Jason Biggs, protagonistas en su momento de las cintas de American Pie y ahora parte del elenco de la estupenda serie Orange is the New Black, deberían montar un acto de comedia juntos y salir de gira cantando y narrando anécdotas. Ayer, en entrevista por su serie y mientras comentábamos que era una verdadera pena que sus personajes nunca se encontraran en ella, se pusieron a inventar una realidad alterna, o quizá algo que podría ocurrir con sus personajes  que les permitiera compartir pantalla.

Les iba a trascribir lo que me dijeron. Lo iba a poner en las entrevistas que transmitimos en la televisión y subir a mi Twitter de la risa que me dio toda la cantidad de tonterías brillantes y bestialidades histéricas que se inventaron en el momento. Pero de pronto me di cuenta de que no podía hacer eso.

Y es que para que tuviera sentido todo lo que me estaban diciendo, uno tendría que haber visto al menos la mitad de la segunda temporada de la serie. Yo lo hice, obsesiva y compulsivamente, durante un fin de semana, así que fue una variedad fantástica escucharlos. Pero me di cuenta de que si publicaba lo que ellos me estaban diciendo, entonces cometería uno de los peores pecados que podemos hacer los que escribimos de televisión o cine: les iba a contar lo que pasaba y arruinar el suspenso para muchos. Iba a generar, inconscientemente, un spoiler terrible, pues.

 Y ahí es cuando me di cuenta. Con este nuevo formato para ver televisión, nunca se van a poder decir correcta e impunemente ciertas cosas. Porque no es que ya fue el final del viernes que podemos comentar todos el lunes siguiente. No es que ya pasó el suficiente tiempo y sabemos que el Titanic se hunde. Que Harry acaba con Sally. No. Aquí, la serie será vista por años y años a diferentes tiempos por millones de personas. Si hoy yo publico esa entrevista, pues ya pasé a fregarles la vida a todos aquellos que la lean y fueran a ser audiencia de la serie. Demonios, era tan bueno todo lo que me dijeron.

También me di cuenta de que los actores que están en este formato todavía no son muy conscientes de que nunca podrán hablar libremente de lo que le pasó a sus personajes. Cuando Kevin Spacey cobró por venir a Cancún y se tomó una selfie que tuiteó con el Presidente de México, nunca se imaginó el revuelo que iba a causar. Pero creo que tampoco pensó, al decir que “estaba con otro presidente”, que los que aún no habíamos podido entrarle a la segunda temporada de House of Cards íbamos a enterarnos del destino político de Francis Underwood vía Twitter, gracias al protagonista y no por ver los capítulos. Así que no. Por más que amemos hablar y hablar de estos personajes, no va a ser cosa fácil publicar cuál es su devenir. Hoy en día ya les puedo decir que Rachel acabó con Ross y que Seinfeld terminó con sus amigos en una pequeña cárcel de pueblo. Me gustaría contarles también el final de Lost, pero aunque lo vi, creo que todavía no  lo entiendo. Pero lo que definitivamente no puedo hacer es publicar esa fantástica parte de la entrevista con estos dos actores. Yo mataría a cualquiera que me arruinara la serie que me estoy guardando con placer y con lujuria para cuando me pueda dar un encerrón con ella. Y eso incluye a sus propios protagonistas.

¿En serio?

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susana.moscatel@milenio.com