Estado fallido

Siempre estamos al aire

Es la pesadilla recurrente de todo conductor de televisión o de radio y la vivió un hombre que brincó a la fama por todos los peores motivos posibles ayer mientras hacía su noticiario local en Coahuila.

Si siempre se hicieran públicas las cosas que se comentan y se dicen en las pausas comerciales, tendríamos muchos más momentos de deleite y absoluto horror de pena ajena, como el que tuvimos por Marcos Martínez Soriano, quien optó por aventar lo que él llamó “maldiciones” contra Joaquín López-Dóriga y Carlos Loret de Mola, en lo que él pensaba que seguía siendo el corte comercial. Ya no lo era.

Tal vez el floor manager estaba distraído. Quizás en la cabina no lo quieren y no le dieron conteo. Tal vez no se prendió la luz roja que le informaba que ya estaba en directo, pero el hecho es que con palabras altisonantes y una absoluta actitud de superioridad este hombre que hasta ayer conocimos aventó insultos por doquier, asegurando que nadie veía al titular del noticiario principal de Canal 2 e hizo su altisonante editorial sobre lo que considera es la inteligencia del titular del noticiario mañanero. Y luego se dio cuenta.

Les puedo asegurar que vio la cara de pánico de alguien en el estudio. Se hizo una pausa de segundos, que seguramente se sintió como de dos siglos y medio para este hombre, y luego preguntó con pánico controlado: “¿Ya estamos al aire? ¡Pues avisen!”. ¡Pues sí! Pero una vez enterado de la situación y a full shot en vivo solo continuó empeorando las cosas, buscando evitarse la multa con Gobernación haciendo referencias bastante racistas (pero aparentemente con intenciones cariñosas) con su apodo al titular de Segob. Más pata no había que meter y el fenómeno se volvió más que viral. Y, a pesar de ello, el hombre se sostuvo en las redes sociales, como si hubiese sido un acto de heroísmo de la libertad de expresión en lugar de un accidente. No lo dijo pensando que estaba al aire. ¿O sí?

Lo admito. Reí, pero también sentí compasión. Por el pánico que ha de haber sentido el compadre y, sobre todo, por aquellos que le tuvieron que responder después. No sentí compasión por lo que dijo, pero sé que todos hemos vociferado barbaridades antes de entrar al aire y en más de una ocasión se han ido con toda su gloria en vivo y en directo al público conocedor.

En radio pasa mucho, está alguna nota o algún comercial, pero por algún motivo no queda cerrado el micrófono. Sé que alguna vez me ocurrió mientras le contaba asuntos profundamente íntimos a mi compañera de programa cuando, por Twitter, la gente me empezó a avisar que algo se escuchaba.  Por suerte para mí, el micrófono estaba bajo. Se oía una conversación pero nadie se entero de que yo…

Otra vez estaba con un compañero que tuvo el tino de decir: “Pues todos se pueden ir a chin#ar a su rep*ta madre” en el momento que regresábamos de corte. Oops.

El caso es que hoy en día hay siempre que asumir que estamos al aire. En la tele, en la radio, en el periódico y en internet. Bueno, hasta en los restaurantes y en las plazas públicas. Ya no hay forma de separar al personaje público de quienes realmente somos. Nuestra verdadera naturaleza siempre se acaba colando al exterior. Así son esos tiempos, pero a veces se requiere de que nos caiga una multa millonaria de Gobernación para que lo entendamos.

¿En serio?

¿Aún no han visto la secuela de Hitler se entera de que se escapó El Chapo en YouTube? 

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