Estado fallido

Revisionismo maléfico

¿Que si la película Maléfica está diseñada, de principio a fin, para que nos maravillemos con la aterradora e impactante belleza de Angelina Jolie? Sí, por supuesto. Para muchos ésa es la principal falla con la cinta de Disney. Para mí es una franca maravilla. No pasa seguido que vemos a una actriz nacida para interpretar a un personaje con tal extraordinaria naturalidad fantástica que le perdonamos de inmediato la obviedad de las decisiones del director y del casting. Yo, al menos, lo hice de inmediato, me relajé y me enamoré de ella sin pudor.

Lo más interesante de Maléfica, sin embargo, no es la historia en sí, sino el hecho de que vivamos en tiempos en los que el revisionismo de la ficción sea parte tan fundamental de la cultura, que no se sienta extraño ni el hecho de que Disney lo esté haciendo. Siendo que la empresa del ratón ocupó en muchos sentidos lo que en tantas otras sociedades y tiempos era la tradición oral, es más que relevante contemplar por un momento la delicia de que la villana sea una verdadera y compleja protagonista.  Una protagonista con historia, verdaderas motivaciones y emociones tan poderosas que hasta nos hace comprender todo su oscuro proceder. Me lo han dicho infinidad de actores y directores cuando hablamos del tema del “bien y el mal” en el cine: “Los villanos no sienten que están siendo malos. Ellos simplemente hacen lo que tienen que hacer”. Nunca había resultado tan cierto.

Mientras que el revisionismo del cuento de hadas no es nada nuevo, la tendencia de que éste se vuelva un gran fenómeno comercial tiene apenas poco más de una década. Ahí es cuando, por ejemplo, el libro Wicked, de Gregory Maguire, nos explicó cómo la bruja mala de Oz no era necesariamente tan mala como pensábamos. Cómo estos cuentos pueden darnos un poco de perspectiva respecto a la verdadera historia del mundo (si es que la palabra verdad se puede usar en cualquiera de estos casos). Cuando Wicked se convirtió en un gran musical de Broadway el fenómeno estaba sellado para el entretenimiento. Sin duda, ni ellos mismos imaginaron lo que ocurriría con las historias de Elphaba y Glinda en el mundo (hasta su estreno el año pasado en México), pero Maguire y muchos más siguieron reinventando personajes que Disney o Paramount nos habían hecho creer que eran inamovibles en sus características dramáticas. Así es como llegamos a la realidad actual en el entretenimiento, donde Maléfica se convierte en alguien entrañable y compleja después de que pasamos por cosas como la reinvención de la Caperucita, Hansel y Gretel, Alicia con todo y sus maravillas y, claro, esas series de televisión como Once Upon a Time y Grimm. Nada es blanco y negro estos días.

Interesante que todo esto comenzó a desarrollarse después del 11 de septiembre. Como sello de una nueva era donde la cultura popular generada en el propio Estados Unidos comenzara a actuar como una sutil resistencia al cuento de “ellos malos, nosotros buenos”. Es asunto para pensarse, y mucho. Pero, mientras tanto, uno no tiene que entrar con todo esto en la cabeza para ver y gozar Maléfica. Es deliciosa por sí misma. Sobre todo para las que estamos hartas del cuento en el que debemos esperar al príncipe que vendrá a hacer que nuestra existencia valga cualquier pena.

Ya viene el rey

¿Listos para El rey león en el teatro? Pues cientos de actores y cantantes en nuestro país ya lo están. Comienza la etapa de audiciones y créanme, si ustedes pensaron que Wicked hizo ruido, esperen escuchar el tamaño de este rugido.

¿En serio?

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susana.moscatel@milenio.com