Estado fallido

"Relatos salvajes"

Salí de ver Relatos Salvajes sintiéndome la peor persona del mundo. Y me gustó. Me gustó más cuando me di cuenta de que en todo mi alrededor el sentimiento era compartido. Debemos ser espeluznantes criaturas del mal para reír de esa manera de las seis historias tan macabras, funestas, deliciosas, mórbidas y sobre todo profundamente satisfactorias que nos presenta el “nuevo niño maravilla” de Argentina, Damián Szifrón.

Uno no sabe qué va a ver cuando se acerca a la cinta que Argentina propone para el Oscar, excepto que es algo que toca los extremos de alguna manera. Pero ¿quién imaginaría que estos extremos fueran los de nuestras propias fantasías de venganza, pasión y desquite más perversas que día a día nos atormentan por no poder ser siquiera simuladas? En otras palabras, ver Relatos salvajes es una de las mejores terapias para quien haya sufrido cualquiera de las siguientes molestias: corrupción, engaño, transa, violencia, indiferencia, desdén, desamor, agresión y cualquier otro mal de nuestros días. ¿Terapéutico? Es catártico. Y no podría agradecerlo más en este momento.

Hasta este momento solo Tarantino me había hecho reír de semejante modo con respecto a cosas que definitivamente no me deberían alegrar. Pero Szifrón va un poco más allá, porque tiene el toque perfecto de comprender las frustraciones habituales que cualquiera de nosotros vive día a día, y nos permite, a través de sus historias, llegar hasta las últimas, más extremas, más terribles, oscuras, deliciosas, fatales y enfermas consecuencias. Y lo logra sorprendiendo a cada paso, usando nuestras obviedades para darnos un respiro, porque nadie debe replicar lo que ve en la pantalla si quiere vivir para contarlo. Ah, pero qué bien se siente.

¿Recuerdan esa película de Joel Schumacher Un día de furia (1993)? ¿A Michael Douglas desquitándose de todo y todos los que habían hecho de su vida una miseria? Pues Relatos Salvajes lleva esa premisa a la comedia más negra que he visto en años y logra darnos un respiro.

No, no somos horribles personas por tener todas esas fantasías de tomar la justicia por nuestra propia mano o acabar con aquellos que hacen de nuestra vida una basura de vez en cuando. Solo somos humanos. Y qué bien se siente saber que alguien más lo entiende y nos ayuda a bajarle la presión a la olla exprés de nuestro existir con unas carcajadas.

¿En serio?

¿Tarantino de verdad piensa retirarse? ¿Habrá visto Relatos salvajes?

¡Que alguien me explique!

La aparente angustia colectiva respecto a la carrera de Pedro Fernández. 

susana.moscatel@milenio.com