Estado fallido

Racistas sueltos en la red

La actriz Leslie Jones, una de las cuatro cazafantasmas, dejó Twitter ayer debido a una cascada de insultos racistas que recibió tras su participación en la cinta. Es cierto que ha sido controvertida la película, pero ese no es el punto, la cosa es el nivel de racismo y agresiones en general que a través de las redes sociales tiene que aguantar la gente. Y aunque el anonimato y distancia de las mismas ayudan, el caso, la radicalización política que se vive en el mundo, en Estados Unidos particularmente ahora, está generando un ambiente perfecto para que la gente se sienta hasta bien con tratar de destruir a otra persona.

 Muchos juran que son luchadores sociales a favor de la libertad de expresión al decirle chimpancé a una mujer que no es nada más que alegría y buena onda. Hace una semana al entrevistar a las Ghostbusters no podía creer lo chistosa y adorable que es Leslie en persona. ¿Qué necesidad? ¿Creen que por trabajar en el entretenimiento la gente no tiene sentimientos? ¿De verdad se atreven a defender esa estúpida teoría de “se rentan para esto”? Disculpen, hacer películas y comedia no es rentarte para que te usen de catalizador para todo el odio y la violencia que vivimos en el mundo. Leslie no va por la vida haciendo chismes, vendiendo su vida privada o hablando mal de nadie. Se dedica a hacernos reír. Por eso pagó el precio de un horrible linchamiento virtual.

 Podríamos mencionar, por cierto, que todo esto ocurre a la par de la Convención Republicana, donde las grandes estrellas que hablan por Trump son grandes héroes del derecho de portación de armas como el protagonista de Duck Dynasty. O su esposa, quien se fusiló un discurso de Michelle Obama. Esos son los actos y consecuencias de los que se puede uno burlar, mofar u horrorizar en las redes. ¿Pero del color de la piel de alguien? ¿De su nacionalidad? ¿De su edad? ¿De su peso? Perdón, hay bastantes ridículos voluntarios como para requerir lastimar a inocentes.

Leslie es solo un ejemplo en un mundo radicalizado. Pero aquí no cantamos mal las rancheras en las redes sociales. ¿Ustedes se imaginan recibir amenazas de muerte debido a Pokémon? Pues yo tampoco, hasta ayer. Lo peor es que estas amenazas e insultos (que fueron más chistosos que ofensivos) se convirtieron en una guerra que yo solo acabé observando hasta que me di el gusto de bloquear a los susodichos (favor de no alimentar a los trolls). Curiosamente, la gente que estaba profundamente ofendida con mi “incapacidad de verlos felices jugando Pokémon” pensaron que todo eso tenía que ver con mi etnicidad, religión de origen, peso y edad. ¿Lo peor de todo? Yo dije que el fenómeno no era malo. ¿Que me dio risa ver a gente chocando una contra otra en un parque buscando variantes de Pikachu? Pues sí, pero si los fans de los PocketMonsters o los Ghostbusters o incluso de Kim Kardashian y Taylor Swift viven con tanta ira por dentro, ¿qué va a ser de nosotros con tantas personas que realmente sí tienen motivos para estar enojados?

 ¿En serio?

¿Donald Trump nombró a Omarosa (la gran villana de la primera temporada de El Aprendiz) directora de su programa para acercarse a los afroamericanos? ¿Y se sorprenden de que Spike Lee (entre otros) esté que arde?   

susana.moscatel@milenio.com