Estado fallido

Primeras damas

Cuando Hillary Clinton era primera dama de Estados Unidos había demasiadas personas (hombres en su mayoría) que se sentían horrorizadas de que ella pudiera tener influencia sobre las decisiones de su marido. No, no era una femme fatale que lo tenía enredado y obediente. Pero sí era (y es) una brillante abogada y, sin duda, una mucho más prudente practicante de la política que él.

Luego se le cruzó Barack Obama en el camino y pues, ni cómo hacerle. Pero la claridad y la ambición se acomodaron en el tren de la paciencia y Bill tuvo (y tendrá) que apechugar. Es lo menos que puede hacer después del puro y el vestido, ¿no creen?

Hollywood siempre juega un papel fundamental cuando se trata de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. No, no funciona igual que lo que descaradamente hacen las televisoras aquí, pero sin ser tan perverso (aunque eso es cuestión de opinión) puede ser igual de efectivo. Y con el anuncio de que la Clinton va por la Oficina Oval ya se nos activó oficialmente la maquinaria, empezando por Jennifer Lopez, quien dijo que ya era hora de que una mujer fuera presidente de los Estados Unidos.

Mientras que el concepto de Hillary como primera mandataria no me molesta en absoluto (aunque se atreva a mandar correos electrónicos desde su cuenta personal —santo escándalo—) verdaderamente espero que ése, el de su género, no sea el enfoque que el mundo del entretenimiento opte por inyectarle a su campaña.

Es solo un poco menos absurdo que como cuando en la Ciudad de México decidieron que solo las mujeres policías podrían levantar infracciones por que “ellas no eran capaces de ser corruptas”. ¡Por el amor de todo lo bueno! Ridículos. O, peor aún, pintar todos los taxis de rosa para que no haya violencia de género. Pues el otro día un taxista desde su pink car me gritó al cruzar la calle: “¿Qué tienes debajo de esa faldita mi rrrreina”.  No. No. Y no.

Hollywood y todos los sistemas de entretenimiento deben entender que ese no es su punto de venta político, a pesar de las cuentas y estadísticas de las que se cuelgan. Tampoco lo debe ser si Hillary decidió no dejar a Bill después de Mónica. Y menos al revés. Hollywood debe celebrar el hecho de que eso no debería ser un factor y que gane la o el mejor. Y por los candidatos que veo que proponen los republicanos, no me queda la menor duda de que sea Hillary.

Así que si vamos a entrarle como consumistas (porque a fin de cuentas nos llega también) a una campaña de este tipo, por favor que no sea una cuyos méritos podrían poner a Martita Sahagún, Bárbara Bush o a Angélica Rivera y, hasta en una de esas en un futuro a Anahí, a cargo del futuro de nuestros respectivos países.

¿En serio?

¿Pedro Infante, el Holograma Tour?

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