Estado fallido

¡Perdónalo!

Parece que apenas fue ayer cuando “Blurred Lines”, de Robin Thicke y Pharrel Williams, sonaba hasta en las bodas de pueblo. Pero ya pasó más de un año desde que la canción, que para tantos siempre nos recordará a lo más divertido del verano de 2013, fue la reina. Se abusó tanto de ella, que pasó de ser un éxito a un chiste cualquiera en tiempo récord y hasta los que la amábamos con pasión tuvimos que ajustar nuestra euforia a “placer culposo” para no sentirnos tan ridículos.

Y claro, luego vino Miley y su perreo en los MTV, que no ayudó en nada y, por supuesto, las hordas de fans que se le aventaron al cantante antes conocido por su sólido R&B. Y con ellas los paparazis y, bueno, el desastre matrimonial tan bien documentado, desde TMZ hasta el NY Times. La cosa es que la ex esposa de Thicke, Paula Patton, es una de las mujeres más adorables del medio artístico. La vimos, por ejemplo, con Tom Cruise en Misión Imposible: Ghost Protocol, y todos la acabamos amando al tratarla tres minutos. Maldita vorágine de la fama. Ellos se habían conocido cuando Paula tenía quince años y parecían la pareja perfecta. Lo fueron, hasta el sexto disco, que contuvo “Blurred Lines”, y de pronto sacó a Robin del nicho de los crooners exitosos, pero de discreto perfil, y lo convirtió en un sex symbol momentáneo. Todo explotó.

¿Por qué contar esta historia ahora? Porque el martes de esta semana salió a la venta el séptimo disco de estudio del cantante, y resultó ser una larga, agonizante y profunda carta de amor y arrepentimiento a quien por casi dos décadas había sido su mujer. El disco se llama Paula, así que no es nada aventurado imaginar a quién está dedicado, ¿verdad? Y con un sencillo como “Get her back”, donde hasta los mensajes de texto que se mandaron aparecen en el video, todo empieza a sentirse como un ejercicio de desesperación e impotencia.

Pero ¿saben qué? Sí. Con todo ese contexto es bien fácil quedarnos en la anécdota y no escuchar el disco. Eso sería una pena, porque se demuestra una de las realidades más constantes de la creación. Del dolor salen muy buenas cosas. Tal vez ese olor a desesperación las empañe un poco, pero el hecho es que Paula es un fantástico disco de R&B, con ligeros toques que nos pueden remitir al góspel, momentos de buen pop y una que otra visita al origen del rock and roll.

Sí, duele escucharlo rogar y rogar y rogar en “You´re my Fantasy”, pero los melancólicos y melódicos sonidos de “Still Madly Crazy” provocan nostalgia, cada quien sabrá por quién. Pero siempre hay alguien, ¿no? “Time of your life” y “Whatever I Want” suenan a pura fiesta y felicidad, hasta que nos damos cuenta que es una reflexión de la fiesta de los últimos meses que lo llevó a perder lo que más amaba. Más reflexión.

Y “Lock the Door” es un emocionante y hasta eufórico autoflagelo que nos hace aprender a gozar el dolor de Thicke como si fuera nuestro. Gran voz, grandes narraciones, un solo mensaje: ¡Perdónalo, por favor, Paula!

El dolor es una de las más grandes inspiraciones que existen, queda claro. Pero independientemente de la fiesta que fue “Blurred Lines”, creo que ha regresado el verdadero Robin Thicke, con uno de los mejores discos que ha hecho en años. Y no. Nunca será ese éxito que fue en 2013. Pero tal vez eso sea lo mejor que pueda pasar. 

susana.moscatel@milenio.com