Estado fallido

¿Perdimos a Spielberg o a nosotros mismos?

Si E.T. se hubiera estrenado hoy, ¿sería un fracaso? Nunca voy a olvidar la sensación en mi pecho mientras, sentada en la segunda fila de un enorme cine en 1982, veía y escuchaba a todo volumen la historia de un extraterrestre perdido en la Tierra, solo buscando alguna manera de telefonear a casa.

No existe peor cliché que ese para mi generación: "Me enamoré del cine para siempre viendo E.T. o Encuentros cercanos del tercer tipo, Tiburón o Indiana Jones", pero es completa y absolutamente cierto. Ver cualquiera de esas películas en la sala de cine cuando se estrenaron eran eventos que cambiarían nuestras vida para siempre. Que jamás olvidaríamos. Que nos acercaban a un mundo perfecto de fantasía que contenía las emociones más dulces y aterradoras que un ser humano puede sentir. Y que creaban personajes que serían eternos. No concibo una infancia sin Steven Spielberg y sus Goonies, más tarde sin los Parques jurásicos... en fin.

Ni siquiera voy a hablar del glorioso Spielberg de La lista de Schindler, de Salvando al soldado Ryan o el de Caballo de guerra. Ese es el absoluto (y no menos maravilloso) lado opuesto del Spielberg del mundo de las fantasías. Ese es el de la cruda realidad que lo llevó a hacer cosas invaluables para el recuerdo de algunos de los capítulos más oscuros de la humanidad. Pero, como les decía, esa es otra historia.

Mientras que la secuela de Buscando a Nemo (ahora la perdida es Dory, por si no se habían enterado) sigue destrozando por completo la taquilla estadunidense, el estreno de BFG (Mi amigo el gigante) ha sido un trágico fracaso en taquilla. Es difícil de entender por qué uno pensaría que una fantasía de Steven basada en un muy amado libro de Roald Dahl (Matilda, Charlie y la fábrica de chocolates) llenaría las salas de cine en el arranque del verano, pero no fue así.

¿Hemos crecido tanto que ya no nos cautiva el mismo Spielberg de nuestra infancia? ¿La generación de nuestros hijos solo quiere ver lo mismo, una y otra vez? ¿Ha perdido el encanto Spielberg? ¿O carecemos de lealtad ante alguien que tanta felicidad nos ha dado? Nada de esto es reflejo de nosotros, como audiencia mexicana, porque aún no se estrenan ni Dory ni el Gigante aquí. Pero sí nos da mucho que pensar, ¿no creen?

¡Que alguien me explique!

¿Qué harían ustedes si piden un Uber y el chofer es Lupe Esparza de Bronco?

Twitter: @SusanaMoscatel