Estado fallido

¿Mujeres reales?

Hace muchos años y aún muchos más kilos fui convocada por un agente de ventas de la estación de radio donde tenía mi programa. Me dijo: “Quiero que conozcas a un cliente, porque al verte sabrá que tiene que invertir con nosotros”. ¿Pues qué decir? Me sentí halagada. Y entonces me sentaron con ellos. Eran los ejecutivos de cuenta de un jabón que lanzaban una campaña a escala mundial para hablar a las mujeres “de verdad”. “Mujeres como tú”, me dijeron. Hmmm. “¿Mujeres de verdad?”, pensé viendo los pliegues de mi pantalón. ¿Pues habrían muchas impostoras? Digo, en mi mundo quien se siente mujer lo es. Pero nunca había siquiera cuestionado qué tan “de verdad” era mi existencia como miembro de mi género. Y luego sacaron el arte de la campaña.

Esa fue la primera vez que vi el concepto de “curvas”,  “talla plus” y “dimensiones deliciosamente exacerbadas” como la definición de la autenticidad de la feminidad. Y evidentemente no iba a ser la última. La verdad me hizo gracia. Y me cayó bien que enfocaran un producto (aunque fuera un jabón que funciona para cualquier talla) a las más robustas de nosotras. Pero jamás pensé que eso me hiciera más o menos “mujer”.

Pasaron los años y perdimos muchos de esos kilos. Y tan mujer como siempre. Aunque me reía preguntándome si estos días me ofrecerían anunciar esos jabones sin mis lonjas de antes, pues jamás le di mucha importancia. La relación de cada mujer con su cuerpo es de una profundidad muy personal. Una puede estar muy cómoda con varios kilos más que lo que muchos consideran el ideal. Otras podrán odiar el hecho de que hagan lo que hagan nunca subirán de peso y no tendrán ciertos atributos. Pero algo me queda bastante claro: esta discusión debería ser resuelta fuera del campo de la mercadotecnia. Del deseo de vendernos productos. Mejor nosotras decidamos lo que está bien y que el mercado se adapte a eso. No al revés. Sé que va contra muchas filosofías de quienes se dedican a “crear necesidades” descaradamente para vender. Pero yo decido mis propias inseguridades y sus soluciones. No alguien que me quiere vender un jabón, una blusa o un brassiere.

Ahora se lanzó una nueva campaña de una enorme compañía de ropa titulada “no somos ángeles” con un grupo de mujeres muy bellas que de seguro son  al menos talla 16. Es tan evidente que están tratando de ganarse a la mayoría que con frustración ve el éxito de las modelos de Victoria´s Secret en la vida y con el sexo opuesto, que me hace sentirme un poco enferma del estómago. Mientras que muchos aplauden este tipo de campañas por “incluyentes” yo la siento demasiado calculadoras. Hay mujeres hermosas y otras que no tanto. Es políticamente incorrecto decirlo, pero es verdad. Quizás eso no tiene que ver con la talla. Y qué maravilla que se fabriquen prendas para todas la figuras. Pero no quiero que alguien que está buscando quedarse con mi quincena disfrace sus dichos de “servicio social” solo para tener acceso a mi cartera a través de mi corazón.

Vivimos en una sociedad donde las inseguridades predominan a tope. Y no necesitamos profesionales haciéndose pasar por nuestras mejores amigas diciéndonos que todo va a estar bien, solo para vendernos algunas prendas. Esos mensajes deberían venir de lugares más auténticos y ser parte de nuestra personalidad para cuando tengamos la edad, y la talla que sea, para poder comprar lo que nos plazca.

¿En serio?

¿Regresan los Teletubbies? ¿Ya nos dirá la verdad el monito morado?

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