Estado fallido

Milagros de la publicidad gratuita

Ayer en este espacio comentábamos el problema que se ha vuelto la excesiva manera en la que muchas agencias de relaciones públicas están tratando de conseguir publicidad gratuita para sus clientes intentando hacer pasar anuncios por información a través del uso de famosos y hasta campañas sociales. Cuando ya está así de claro, el hecho es que no funcionó el plan. ¿Pero qué pasa todas esas veces que sí funciona?

Justo este miércoles se publicó el dato de que la selfie de Ellen que fue hecha con una conocida marca de teléfonos el día de los Premios de la Academia tiene un valor estimado de entre 800 y mil millones de dólares, ya que fue vista de manera directa (con presencia de marca) por más de 46 millones de personas. Ok, eso es hacer bien las cosas porque algo les aseguro: la compañía de electrónica que hace el teléfono en cuestión no pagó ni los costos publicitarios de colocar su producto de esa manera específica en la ceremonia y mucho menos los salarios que hubiera tenido que apoquinar para contratar a las superestrellas que salen en ella para participar (si se dignaran a hacerlo) en dicha publicidad. Tal vez podrían haberle pagado al hermano de Lupita Nyong’o que ahí se coló, pero eso a lo mucho.

Éste es un caso en el que el manejo de relaciones públicas fue extraordinario. Cada persona que reenvió la foto, que la posteó y que la compartió,  trabajó para la marca. Cada artista que posó le acabó regalando mucho de su valor comercial al producto. Aunque la compañía de RP no lo comenta, es un hecho de que los encargados de hacer ese teléfono sí eran patrocinadores del Oscar. También es un hecho que Ellen tiene otro teléfono más relacionado con las manzanas, así que no fue un acto completamente espontáneo. Pero sin la menor duda, por más molestas que hayan sido las mil y una copias de esta selfie éste es un triunfo, que, a diferencia de lo que platicamos ayer un grupo de relaciones públicas y mercadotecnia logró sobre las suspicacias naturales de los actores que generalmente nunca se hubieran dejado usar para algo así sin cobrar un centavo.

Archie de mi vida

Ya sobrevivió setenta años siendo un adolescente y aún no acaba de decidir por Verónica o por Betty. Curioso porque el gran conflicto existencial del pelirrojo más famoso del mundo del cómic es muy parecido al de Carrie Bradshaw en Sex & the City.
¿Aidan o Mr. Big? La que se sabe hermosa y poderosa por excelencia o la mujer dulce y amorosa. El chico malo por excelencia o el hombre que sí le presentarías felizmente a tu mamá. Ése, el conflicto primordial de Archie, ha sido resuelto de diferentes maneras en diferentes etapas en Archie Comics, pero parece ser que ahora, en esta última etapa, decidieron cambiar la jugada y pues… matarlo próximamente.

¿De verdad es necesario? Digo, la vida ha evolucionado con los personajes de Riverdale. Han hecho cosas interesantes, como tocar temas de discriminación y sida últimamente. Betty ha ganado. Verónica ha ganado. Torombolo sigue comiendo. Y sí, otros personajes han muerto. ¿Pero Archie? Es como matar a una parte de muchas de nuestras infancias.

Ya lo sé, siempre hay historias recurrentes que reinician y todo es como si nada hubiera pasado en los cómics. Pero ¿en serio la forma de terminar con este ciclo el particular es el asesinato? No es Batman, señores. 

susana.moscatel@milenio.com