Estado fallido

Miedo de ir al teatro

Son las 9 de la noche en la calle Corrientes de Bueno Aires y por todos lados hay personas. Muchas se ven emocionadas y otras tantas se ven acostumbradas a dicho acto, pero todas tienen un boleto en la mano. Es domingo por la noche en Buenos Aires y las opciones para ver teatro son ilimitadas. No solo eso, con solo caminar unos breves kilómetros durante el día uno ya se pueda dar cuenta del catálogo tan diverso de puestas en escena que hay en este lugar. Y mejor todavía, podemos ver cómo varios teatros aprovechan su espacio para montar dos obras el mismo día, una en un horario tan tardío que cualquier productor temblaría de miedo. Pero, cuando son buenas, cuando tienen estrella, también se llenan por completo.

¿Qué tiene el teatro en Argentina que no tiene el de México? Para empezar un público profundamente fiel que no se asusta al primer chasco con el que se encuentra. Y vaya que los hay. Pero ahí siguen. Luchando para encontrar algo que los conmueva, les haga reír, los una. Pero es más que eso.

Miren, este no es el hilo negro, pero se han fijado que cada vez que un actor, productor o responsable de cualquier obra habla de la misma tiene que incluir el discurso del valet parking en la entrevista. Tienen que hacerlo, porque tristemente la mayoría los teatros en nuestras grandes ciudades están dispersos por zonas en las que uno nunca caminaría feliz y tranquilamente en un domingo, acabando la función a las 11 de la noche. Caray, en muchos casos no lo harían a las 3 de la tarde en sábado.

Claro que hay excepciones, pero no al alcance del bolsillo de todos. Y aunque nuestra cartelera es amplia y más que competitiva, la mayoría de la gente no se entera por lo mismo: todo está disperso. Hay que realmente querer ir a ver una obra en específico para lograr llegar hasta ella.

Soñar es fácil, pero una de las grandes razones por las que la Ciudad de México nunca será Broadway, The West End o una avenida Corrientes, por donde puedes caminar e incluso encontrar puestos donde te dan opciones para comprar más barato a la mera hora. ¿Algún empresario que se la aviente? Ya sé. Es demasiado tarde. Nunca lo planeamos así. Y claro que hay lugares como el Centro Cultural Manolo Fábregas que agrupa varios teatros. El Helénico tiene su Gruta (casi siempre están llenos los dos) el Shaekespeare tiene una obra distinta cada día de la semana. ¡Bravo! Y atrás del Auditorio Nacional muchos pasamos la mitad de nuestra infancia en las butacas del Centro Cultural del Bosque (que sufre cada día más por falta de estacionamiento y ahora luchará contra una rueda de la fortuna).

Pero, ¿qué tal si la próxima vez que a alguien se le ocurra presentar un proyecto para reformar algunas nuestras colonias más populares piensan en ir proyectando la idea de una zona de teatros? Sí, se pelearán con los vecinos. (En la Calle 42 y la Séptima en Nueva York la lucha fue Disney vs. las sexoservidoras. Ganó Disney) y sí, se pelearán con los políticos. Pero teniendo el monstruo de talentos y cartelera que gozamos, tal vez sería un gran momento para darles una verdadera infraestructura y que su único problema sea hacer teatro. No ver a quién asaltan camino a verlo.

¿En serio?

¿Le tuve que explicar a una niña de 19 años quienes eran los Rolling Stones? ¿Ya valió piedra para siempre cualquier esperanza para un renacimiento de una gran industria musical? ¿A alguien se le ocurre un castigo digno para los padres de esta millennial distraída?

Twitter: @SusanaMoscatel