Estado fallido

Cuando Meryl se enoja

Meryl Streep no estaba nada contenta con el director Jonathan Demme cuando platicó con nosotros sobre la película que hizo con él, Ricki and the Flash. Resulta que en la cinta la hija en la vida real de Streep, Mamie Gummer, también interpreta a la hija de su personaje. Cuando le preguntamos qué tipo de líder era el también director de El silencio de los inocentes y Filadelfia  (quien canceló las entrevistas que teníamos pactadas con él ese día) y que si le había dado libertad en el foro, esto nos dijo contundentemente la actriz: “¡No!”.

Ante nuestras risas nerviosas, elaboró. “Me dijo que no le hablara a Mamie. Y yo le dije: ‘¿Perdón?’. Y me dijo: ‘No hables con ella respecto a la película, ¿ok?’. Así que supuse que tenía alguna razón para pedir eso y lo hice, por un corto rato. Después solo lo ignoré. Porque estoy muy cerca de ella. Y apenas hace dos días ella me dijo: ‘Él nunca me dijo que te había pedido que no me hablaras’. Así que me enojé. Sentí que había sido una manipulación o algo por el estilo. Todavía no lo averiguo bien. Tengo que hablar con Jonathan. Y salió bien, porque creo que todos estaban preocupados por cómo iba a salir esto y él estaba decidido a controlarlo. Pero somos incontrolables, las chicas Gummer”.

Sin duda alguna. No me puedo imaginar a otra actriz que en las entrevistas de la película pudiera contar algo así con tanta naturalidad, sin tener el menor problema por lo que su honestidad y claridad podrían generar. A ninguna, excepto quizás, que a su propia hija. Mamie (quien no deja de reír de las confusiones que su nombre provoca en la prensa hispanoparlante) continuó la historia de su madre en su entrevista.

“Fue muy extraño. Me preguntaba: ‘¿Por qué me estarán ignorando todos? Estaba muy sacada de onda y no lo entendía. Y me hizo sentir que había hecho algo mal. Pero luego se reveló que él había armado todo este asunto y, no lo sé, pero asumo que lo hizo para alimentar un poco lo que sentía Julie (su personaje) y su enojo. Pero yo no era Julie todo el tiempo, así que no sé qué tan necesario fue todo ese asunto y supongo que nunca lo sabremos porque, haya sido lo que haya sido, hizo la película lo que fue”.

Así que lección numero uno: si estás dirigiendo a Meryl Streep y a su familia no es necesario jugar con las emociones personales para sacar el músculo actoral. Es Meryl, no lo necesita. Y número dos: no te metas con su hija. La actriz más premiada del mundo es madre antes que histrión. Y si no le gusta lo que está pasando lo dirá. Pero también estoy segura de que para él, unos días después de esta conversación, ellos se encontraron en la premier y todo fue risas y paz. ¿Quién querría estar enojado con la Streep? Ni siquiera el brillante tipo que hizo tan famoso a Hannibal Lecter.

 ¿En serio?

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