Estado fallido

Mandela, la película

Se sentía como la última vez que lo veríamos. Seguro exagero, porque sin duda habrá muchas más oportunidades y razones para retratar la vida de Nelson Mandela en el cine. Pero era imposible no sentir que uno era parte de la ceremonia de despedida que se estaba llevando a cabo en Johannesburgo durante la función de gala de la cinta Un largo camino a la libertad, que se llevó a cabo en el Festival de Cine de Dubái, donde felizmente nos encontramos.

La película tiene básicamente un problema: su personaje principal es mucho más grande en la vida real que lo que puede ser retratado en la pantalla. Al menos en el imaginario colectivo actual, porque en el trabajo de Justin Chadwick (La otra Bolena) queda muy claro que se está buscando retratar al hombre completo, con defectos, orgullo y problemas. No es solo un emblema. En cierta forma, en algunos breves momentos hasta sería un tanto iconoclasta, de no ser porque finalmente el mensaje y la intención son los que ya conocemos: esta es la historia de un extraordinario hombre.

Basada en su biografía e interpretada por el estelar Idris Elba, la película cumple con un objetivo principalmente: contarnos la historia, desde el punto de vista del ex presidente de Sudáfrica, según él la vivió. Sin ofrecer disculpas por sus ofensas. Sin enaltecer más de lo que la historia ya lo ha hecho (sería imposible en estos momentos, ¿no?).

Naomi Harris (la nueva Moneypenny del 007) interpreta a su entonces esposa Winnie y, francamente, por momentos su historia me atraía todavía más que la de su hombre, encarcelado por casi tres décadas. Ella se lo dice, se lo grita, se lo explica: la gente está enojada. Quiere pelear. Mandela entiende el sentimiento, así comenzó él. Pero comprende el mensaje fundamental que es su legado: el único camino es la paz. Eso, para mí, sería un superpoder inverosímil del cine de no saber que es una historia de la vida real.

Por su parte, Idris Elba asegura que al principio no quería interpretar a Nelson Mandela, simple y sencillamente porque no hay un parecido físico entre ellos. Es cierto y a veces, sobre todo estos días después de tener el rostro de Madiba grabado en nuestra mente y proyectado en todos lados, esto podría ser un estorbo mental.  Pero eso es solo al principio. El actor (a quien acabamos de ver en Thor) verdaderamente sí captura la voz, las expresiones y sobre todo esas sonrisas que tanto caracterizaban a su interpretado.

¿Es esta una importante película? Lo es. Pero sobre todo porque hace un trabajo limpio y emotivo de contarnos una historia en el momento más preciso para hacerlo. Impecable con sus tiempos, cuando a la hora de los créditos sonó “Ordinary love”, la canción que U2 compuso para la cinta, la gente se levantó y aplaudió emocionada en la función de gala del Festival de Cine de Dubái. Fue, francamente, hermoso verla con personas de absolutamente todo el planeta Tierra (aquí sí hay una diversidad impactante) y sentir una reacción colectiva.

¿La veremos pronto en México? Sí. Uno de los principales estudios ya está negociando a toda velocidad para traerla, porque este es el preciso momento para hacerlo. Aun no está programada, pero les avisaremos en el momento que así sea. Vale la pena.