Estado fallido

Ser Luis Miguel

Vayan ustedes a saber qué estaba haciendo Luis Miguel en lugar de dar su concierto en Mérida el sábado pasado. Las versiones corrieron tan libres como el Twitter y miles se regocijaron al verlo en problemas. ¿Qué será lo que tiene el espectáculo que nos saca esa horrible parte de nosotros mismos? Ese lado oscuro que los alemanes llaman schadenfreude,  que tanto nos hace gozar las miserias ajenas.

Es tan fuerte esta necesidad, que la confirmación de los hechos es por completo irrelevante. El placer que provoca ver a alguien exitoso caer es tal que muchos ni siquiera consideran la naturaleza humana de su presa.

Yo he acusado a Luis Miguel de muchas cosas. Como artista. Y todas ellas tienen que ver con el hecho de desperdiciar su gran talento y solo dejarse ir con la corriente más sencilla. Yo me he salido de muchos conciertos de Luis Miguel por puro e inalterado aburrimiento. Y crecí siendo su fan. Por lo mismo, me da más coraje, pero no deseo que le vaya mal. No prefiero creer que estaba destrozado en un cuarto de hotel en vez de viendo con frustración que su avión no funcionaba.

Hace unos días me contactó una compañera del medio, con palabras muy lindas hacia mi persona. Le respondí agradecida y en el siguiente mensaje tuvo a bien hablar mal de compañeros de trabajo que resulta que adoro y respeto, pero como son famosos, cancha libre para acabar con ellos, ¿no? Yo digo que no. Hagamos periodismo (y vida), pero no para alimentar el morbo barato. Demos la nota de tal manera que podamos poner la cabeza tranquila sobre nuestra almohada en las noches. Estos días he estado pensando en lo difícil que ha de ser el ser famoso. Y la pesadilla que debe ser, en este sentido, ser alguien como Madonna o Luis Miguel.

Todo por dinero

Que me disculpe la industria musical estadunidense, pero en México nunca le pasaríamos sus payasadas a ningún cantante como se las pasan a Kanye West. Eso se lo dejamos a los políticos, pero dejar que alguien que se supone que está en el ojo público para crear e inspirar se la viva atropellando a todos con su ego, simple y sencillamente no ocurriría.

Claro, hemos tenido nuestros personajes. Nuestras Niurkas, nuestras Tigresas, Palazuelos y similares, pero a ninguno de ellos los premian, aplauden ni las más grandes estrellas de nuestro idioma hacen esfuerzos infrahumanos para acompañarlos en el escenario. Es, para decirlo de manera sencilla, patético, que no solo le dejen medio repetir el numerito de quejarse en el escenario del Grammy, porque Beyoncé no ganó Mejor Álbum, sino que en entrevistas posteriores le aplaudan porque habla de sí mismo como el más grande mesías de la historia de la música. Kanye gana mucho dinero. Su esposa, Kim Kardashian, también. ¿Ese es el permiso para pisotear a todo el mundo? Y mucho más aterrador todavía, ¿eso les debería dar una plataforma para decidir quién hace y quién no está haciendo arte con su música? Vulgar y chafa, no hay otras palabras.

 ¿En serio?

¿Alguien se sorprendió de que bajara el rating después de los Grammy más aburridos de la historia reciente?

susana.moscatel@milenio.com

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