Estado fallido

Llueve sobre dorado

Gran parte del estado de California estaba celebrando:, en un solo viernes había caído más lluvia que en los últimos tres años en este lugar y tras una amenaza seria de sequía, la noticia debería haber sido buena; pero en la esquina de Hollywood y Highland, habían pocas sonrisas. De hecho, las caras de preocupación fluían más fácilmente que los ríos que corrían por los bordes de la aún tapada, pero completamente empapada, alfombra roja. Tres años prácticamente sin lluvia y ésta se dejó venir con todo el fin de semana de Oscar. El pronóstico no era nada alentador y se veían difíciles días por venir para sacar todo por buen camino.

Dos días antes la alfombra roja estaba tapada por unos estupendos toldos que permitían que el trabajo de montaje, enlaces televisivos y preproducción se llevaran a cabo razonablemente bien; sin embargo, cualquier locación para grabar previos para los programas en vivo se veía absolutamente inundada por ríos que corrían por las muy aparentemente confundidas banquetas californianas que parecían preguntarse ¿seguro que es marzo ya?

Todos tuvimos que correr de un lado al otro para lograr nuestros enlaces. Lugares prohibidos se volvieron sets milagrosos alrededor del teatro Dolby. La preocupación de problemas con la electricidad era absolutamente prioridad, aunque no tanto como lo que estaba pasando con el cabello de las conductoras quienes, pues francamente, sufríamos pequeños infiernitos en el mundo de los frívolos.

No tanto, sin  embargo, como lo que nos contaron algunos de los diseñadores de imagen de Hollywood la mañana de ayer. ¿Cambiar el strapless? ¿Amarrar el cabello? ¿Conseguir un paraguas que no mate las imágenes de todos los demás? Todo esto, hay que entender, es una coreografía que lleva meses en trámite y ahora se debe cambiar de un día para otro. Lo vivimos nosotros, buscando refugio de un lado para el otro y viendo a muchos de los personajes más estilizados de Hollywood correr como perros mojados bajo la lluvia.

Ante la pregunta “¿Por qué quitaron las carpas que protegían todo justo el mismo día de la ceremonia?” La respuesta del equipo de producción del Oscar fue un tímido y nada resignado “pensamos que ya no llovería”. El optimismo muere con la esperanza y en este caso… uno pensaría que con el glam.

¿Pero qué creen? Minutos, solo minutos antes de que empezara a llegar la gente, algún pacto con algún poder supremo logró algo que solo podría pasar en Hollywood. Salió un perfecto sol y la vida continuó tal y como se había planeado. Increíble.

¿Qué le pasó a las frambuesas?

¿Cómo que ganó una película que nadie vio? ¡Ni que fueran los Arieles! Pero eso pasó con los descoloridos premios frambuesa a lo peor del cine la noche del sábado al ganar el premio principal una cosa que se llama Película 43. Estelarizada por el fantástico Hugh Jackman, el problema de esa cinta es que en realidad a nadie le importa. ¿Dónde está la diversión en vapulear algo así? Adam Sandler salió limpio y victorioso a pesar de demostrar una y otra vez que se puede vivir MUY bien de hacer MAL cine. Pero al menos no se quedaron con las ganas de torturar al adorable Will Smith, quien realmente sí metió la pata al creer que su hijo Jaden podría sacar adelante toda una película solo por ser su hijo con After Earth

susana.moscatel@milenio.com