Estado fallido

Lewinsky y el pajarito

Siempre es fascinante ver cómo alguien en el ojo público decide reinventarse. Y, en definitiva, no es ninguna novedad en la política. Solo hay que echarle un ojo a La dictadura perfecta de Luis Estrada (o simplemente hacer un poco de memoria) para darnos cuenta de cuántas maneras hay de hacer que la gente cambie su percepción de un personaje público, solo porque ya pasó algo de tiempo o, porque hubo el suficiente ruido (dirigido) en otras materias que ayudó a distraer por completo la atención del asunto.

Pero hay de personajes a personajes. Por ejemplo: ¿Creen que Mónica Lewinsky goce de los mismos privilegios que un René Bejarano? Lo dudo mucho. Los dos fueron las grandes noticias, escándalos políticos y absolutos condenados por la opinión pública por sus acciones (muy distintas una de la otra digo, no es lo mismo una liga que un puro), pero escándalo al fin.

Sin embargo, Mónica, por siempre, va a ser el remate del chiste. A Mónica nunca se le va a relacionar con nada más que con su aventura con Bill Clinton. Es lógico. Y es misógino, pero como ella misma dijo en un interesante artículo que escribió en Vanity Fair, su vida quedó alterada para siempre y no ha conseguido trabajo casi en dos décadas.

Así que Mónica trató de diseñar y vender bolsas. No funcionó. Trató de conducir un programa en la cadena Fox y no funcionó. Ahora tiene otro proyecto y está más que interesante: es activista contra el ciberbullying. Y tiene una credencial muy válida que nadie más tiene. “Yo fui el paciente cero”, dijo. “Sé cómo la agresión de millones de desconocidos puede acabar con tu vida”.

Cierto, no eran tiempos ni de Twitter, Facebook ni nada por el estilo, pero sí había forwards en los correos electrónicos, y vaya que le llegaban los insultos. Y ni hablemos del ciclo de noticias que con temas como el de ella iban por el rating y no lo periodístico. Mónica vendía. Ella no cobraba nada, pero vaya que vendía.

Por eso es noticia y acontecimiento interesante que la mujer haya decidido abrir su cuenta de Twitter. Después de lo dicho y todo lo pasado, uno pensaría que estar expuesta así es lo último que desearía. Pero lo está haciendo en lo que considera su faceta de activista y está por demás interesante ver qué hará con ello. Espero que lo resista. Y que este plan le salga bien. Debe ser una vida desesperante, y más ahora que Hillary va por la grande. ¿Ustedes seguirán a Mónica por el mundo del pajarito azul?

¿En serio?

¿Hay un grupo organizado de mamás en Florida que creen que si se venden figuras de acción de Breaking Bad sus hijos acabarán siendo químicos narcomenudistas

susana.moscatel@milenio.com