Estado fallido

Kanye, Trump y Laura

“Ganaré el voto latino. Ellos me aman”, dijo ahora el simpático Donald Trump en una entrevista en Estados Unidos. ¿Qué delicia, no? Uno no puede más que preguntarse si el hombre en cualquier momento nos va a decir que todo esto fue un extraordinario experimento social/reality show o si simplemente ya perdió cualquier contacto posible con la realidad.

Megalómano es un término que alude a una persona que sufre de un excesivo deseo (y en ocasiones de autopercepción) de grandeza y, bueno, no hay que estudiar la carrera de psicología para diagnosticar a alguien como él. De todos modos lo consulté con mi profesional de la salud mental favorita y me dijo que, sin la menor duda, por ahí va la cosa. Para empezar.

Como sea, todo es un muy divertido show. Morboso como el demonio, pero divertido. La industria de las piñatas, por ejemplo, está profundamente agradecida y estoy segura de que los candidatos demócratas lo están más. Y no digamos los comediantes. Tanto John Stewart como Bill Maher (mis absolutos favoritos) no dejan de decir cuánto aprecian tanta estupidez en una sola figura pública. Sin la menor duda, hace mucho más fácil y vigente su trabajo de cada día. Lo mismo digo yo.

Pero cuando vemos que el hombre está, en efecto, en el segundo lugar de las encuestas para ser el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, tal vez dejemos de reír un poco. Aunque aún falta que como la mitad de ellos declaren oficialmente su candidatura, Trump definitivamente ha logrado enrarecer todo a escalas cómicas y preocupantes desde este momento.

Ahora Trump no está solo. ¿Recuerdan hace un par de semanas en Glastonbury al rapero Kanye West destazando sin control uno de los más grandes himnos de la historia del rock, “Rapsodia bohemia”? Hubiese sido un tema más del absurdo (aunque a ratos –en lo suyo– talentoso) yerno de Caitlyn Jenner, pero tenía que rematar con lo siguiente: “¡Soy la más grande estrella de rock de todos los tiempos!”, gritó y reiteró. ¿No se dio cuenta que su canto era equivalente a un pobre gato en celo siendo torturado? Por supuesto que no. Y curiosamente, esa absoluta falta de autocrítica ha sido uno de sus mayores puntos a favor en su extraña carrera. 

Claro que nosotros tenemos lo nuestro. Aunque sea producto importado. ¿Qué tal Laura Bozzo diciéndole al periódico “La gente me quiere” y “Dios me dio un don para enganchar con el pueblo, mi fuerza está en los niveles más populares, si fuera por los de arriba ya me habrían cortado la cabeza”. Dos cosas. Uno pensaría que el de más arriba de todos, según este mismo discurso tendría que ser Dios mismo, ¿no? Pero más allá del don divino que la señora piensa poseer, ¿no será que quien la sacaría del aire (cortarle la cabeza es un poco drástico) es la gente pensante que se da cuenta del uso y abuso de la miseria?

Tres personajes que gritan a los cuatro vientos su propia grandeza. Tres personajes que se la pasan defendiendo a gritos y terquedad pura su propia enormidad. Tres personajes que no se parecen en nada pero ahí están, todos los días en los medios recordándonos lo “brillantes” “amados” y “necesarios” que son. A mí me enseñaron que la verdadera grandeza no se grita. Se demuestra. ¿Ustedes que opinan?

¿En serio?

¿Hay gente con tan poco que hacer que arman campañas en la red contra conductoras como Ingrid Coronado por lo que leen en revistas de chismes y no entienden en absoluto?

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