Estado fallido

Juzgando a Woody Allen

Siempre me he tomado de manera muy personal cuando alguien descalifica el trabajo de Woody Allen por los hechos que han marcado su vida y han sido documentados, desfigurados y repetidos por tantos medios de comunicación a través de los años. Me lo tomo muy personalmente, porque la verdad, es que duele la mera idea de que alguien que hable tan directamente a mis emociones y pensamientos pueda, en realidad, ser un monstruo. Entonces comienza ese eterno e infértil e inevitable debate sobre si se puede separar a un artista de su obra. ¿Ustedes pueden? Yo a veces... casi nunca. Pero cuando se trata de alguien que parece conocer lo más profundo de las grietas emotivas de tantas mentes, entonces resulta todavía más difícil.

Así que ahora nos encontramos nuevamente en esta encrucijada moral y artística. ¿Por qué ahora? No me cabe la menor duda de que esta situación se detonó nuevamente por dos cosas completamente ajenas a los hechos (sean cuales sean): los Globos de Oro y el Twitter. Si la prensa extranjera no hubiera decidido rendir un tributo al cineasta en esa ceremonia, entonces su ex novia Mia Farrow (nunca estuvieron casados) y su hijo (o hijo de Frank Sinatra, ya nadie sabe) Ronan Farrow nunca hubieran desatado a través de Twitter nuevamente la controversia respecto al potencial abuso sexual de Dylan (otra de las hijas adoptivas de la entonces pareja) a manos de Woody Allen hace ya tantos años.

Ahora en una carta abierta al New York Times, Dylan retoma con aterradores detalles sus acusaciones contra el hombre que sigue llamando “mi padre”, y asevera que debido a su poder e injerencia éste logró salirse con la suya. Habla de cómo la han lastimado los premios y los reconocimientos que Woody ha recibido a través de los años (curioso, porque a él no podrían importarle menos) y asegura que con esta última nominación al Oscar se rehúsa a desmoronarse otra vez. Cuestiona a actores como Cate Blanchett, Alec Baldwin o Diane Keaton: “¿cómo se sentirían si fuera su propia hija?” y confronta lo que, sin duda, es el mayor horror de su vida.

Pero el asunto es este: por más opiniones que podamos tener al respecto, y vaya que las tenemos, las únicas dos personas que saben lo que realmente pasó son ellos dos. Con el pasar de los años y los recuerdos complejos el tema se vuelve más escabroso todavía. Claro que debemos escuchar a una mujer (o a un hombre para el mismo caso) cuando alega abuso sexual. ¿Pero podemos pretender que tenemos la menor idea de lo que realmente pasó ahí? Las cortes, a principios de los 90, no dieron suficiente credibilidad a las acusaciones como para proceder criminalmente contra Allen. ¿Entonces, por qué ahora?

Cada persona tiene sus tiempos y la naturaleza de la divulgación de la información ha cambiado tanto, que una explosión mediática como esta tanto tiempo después es de lo más común.

Es muy difícil saber qué hacer, no porque nosotros tengamos que ser jueces. Es un alivio de pronto darnos cuenta de que no tenemos, ni por qué tener, la verdad ni ser jueces de la situación. Simplemente no sabemos lo suficiente respecto a los hechos y las motivaciones de los mismos. Pero sí tenemos que decidir que hacer respecto a las emociones que nos provoca el trabajo del cineasta. ¿Somos cómplices de cualquier mal que haya (o no) hecho por admirar su trabajo? Realmente espero que no, porque Woody Allen el cineasta no es algo que la humanidad se pueda dar el lujo de perder. El ser humano … eso solo lo saben los involucrados.  

susana.moscatel@milenio.com