Estado fallido

Hoyos negros y revelaciones

Hablar de Interestelar de Christopher Nolan (El origen, Batman: El caballero de la noche) es un tema complicado. Y la razón, irónicamente, es muy sencilla. El director no quería que absolutamente nada se filtrara acerca de su nueva aventura espacial. Aún no lo quiere, pero sabe que en algún momento debe dejar ir el proyecto que no puede ser descrito más que como enorme.

Así que reseñar la cinta que se estrena el 6 de noviembre se vuelve un tema más que delicado. Básicamente decir cualquier cosa consistiría en un ‘spoiler’ que arruinaría mucha de la sorpresa que el director británico tanto desea sostener. Y vaya que su elenco lo sabe. Era más que divertido ver la cara de Anne Hathaway, Jessica Chastain y hasta Matthew McConaughey cada vez que un reportero preguntaba algo que hacía referencia a la trama. “¿Puedo contestar eso?”, preguntaban una y otra vez en la conferencia de medios. El propio Nolan se negó a hablar respecto a algo que pasa más o menos a la mitad de la cinta “mejor dejen que el público lo descubra solo”.

Así que respetando esos deseos, pero también los de cumplir con mi trabajo esto es lo que me parece que sí les puedo decir. La ambición del proyecto es similar a lo que entendemos del espacio exterior, no tiene límites. Pero, igual que en la película, hay muchos espacios en los que podemos detenernos con intensión de vivir, habitar, sentir y sobre todo existir.

Mi conflicto principal con esta gran aventura de ciencia ficción es que a ratos siento que no sabe que quiere ser. Si el gran relato de la humanidad por su supervivencia, o un canto al amor. Un canto qué, por cierto, es reiterado en discursos que no serían necesarios porque ya fueron sustentados con las acciones de los personajes.

Pero por el otro lado, las emociones que me provocó Interestelar en ciertos momentos clave desafían la explicación. La ciencia es fascinante. Las explicaciones, que serían imposibles de entender por completo a la primera, nos hacen querer saber más del insignificante punto en la inmensidad que nos tocó habitar. Y las historias, digamos que por las particularidades del espacio las cosas que ocurren nos hacen pensar que la capacidad humana para ser y coexistir, para bien o para mal, nunca va a dejar de impactarnos.

Jessica Chastain es una joya. Anne Hathaway cumple cabalmente, pero Mathew McConaghuey no me acaba de convencer del todo. No es que haga mal su papel de un retirado piloto de la NASA, pero no dejo de ver a su personaje del Club de los desahuciados en su físico y en ciertas expresiones a veces. No ha vuelto del todo a la Tierra.

Así que en corto. Para todos los que me preguntan que qué opino de la gran apuesta (preferiblemente en Imax) de Nolan, la respuesta es que a ratos me maravillo como nada que hubiese visto antes y a ratos se pierde, como sus personajes, entre hoyos negros y revelaciones. Salí cantando y puse el disco de Muse que lleva ese título. En general es un viaje al mucho más allá que creo todos debemos tomar. Con paciencia y abiertos a la capacidad de maravillarnos.

 ¿Para cuándo?

¿Un concierto en el Vaticano encabezado por Elton John?

susana.moscatel@milenio.com