Estado fallido

Hielitos y amargosos

¿Ustedes sabían lo que era la esclerosis lateral amiotrófica antes de esta semana? Debo confesar que yo no. Y sé que es el caso de millones de personas hasta que cientos de artistas, deportistas y empresarios y luego miles de civiles decidieron vertir una cubeta de hielo sobre sus cabezas como parte del reto que hemos observado con curiosidad toda la semana. Quien no lo haga, debe donar dinero, según las reglas de este evento viral, bien intencionado, y francamente, digno de ser estudiado como fenómeno social.

Pero ya empezaron las amargas quejas. De personas a las que no les parece que esta sea la causa que está tomando los titulares. De gente que exige que se done dinero en lugar de que se haga el helado video. De esos que dicen que no sirve de nada y que los que lo hacen solo se están luciendo. ¿Saben qué? Tal vez sí se estén luciendo. O tal vez les pareció muy divertido (hasta que lo hacen). Pero el hecho es muy sencillo: no se trata tanto del dinero que done la gente en vez de aventarse hielitos encima. Se trata de poner la enfermedad en el centro de la atención para que la próxima vez que se tengan de designar fondos para la investigación esté en la mente de aquellos que decidan. De todos modos, al fenómeno le quedan tres segundos de vida. Y ahora tendremos que soplarnos (y ahí le entro yo con los amargosos) todos los intentos de copias locales e internacionales que se avecinan.

Aterradoras botargas

Se llaman a ellos mismos artistas callejeros y exigen su derecho de trabajar libremente, en este caso específico, en Times Square de Nueva York. Pero están proliferando por todos lados donde hay turistas. Hay Elmos, Capitanes América, Monstruos Come galletas, Hello Kittys, Mickey Mouses, Bob Esponjas, Supermanes y lo que usted pueda imaginar hasta en sus más extrañas pesadillas.

 Yo he visto niños llorar desconsolados por ver a Minnie Mouse echarse un cigarrito mientras charlaba con Hulk al mismo tiempo que se había arrancado la cabeza para evitar quemar sus chafas bigotes de plástico. He visto a Ironman tratar de agarrarle el trasero a una amiga mía que tomaba una foto. Estos compadres se han metido en nuestras selfies de turista distraído y luego han exigido una propina. Pero debo aceptar que una vez el Capitán América y Spiderman, que eran de El Salvador, nos ayudaron a mover gente para que pudiéramos hacer algunas tomas de televisión. No aceptaron propina, pero nos invitaron un drink cuando salieron de trabajar.

El caso es que hoy estos son los cuates que se están manifestando amargamente porque después de que (otro supongo) Spiderman golpeara a un policía se comenzó a hablar de regular el negocio. Hollywood Boulevard y Las Vegas es donde más proliferan estos personajes pirata. Pero ¿qué hay de nuestra Alameda? ¿Qué hay de los derecho intelectuales y de uso de personaje por los que no pagan un centavo? ¿Qué hay del derecho a mantener intacto un sueño de nuestra infancia al no dejar que Elmo nos agarre el trasero? No sé, pero este asunto pinta muy interesante, pintoresco y peligroso. Un Batman callejero enojado no debe ser ignorado.

 ¿En serio?

¿Estoy a punto de volver a ver a Héctor Bonilla y a Mónica Sánchez Navarro juntos en el Teatro San Rafael? ¿Desde principios de los ochenta no veíamos eso? No hay palabras para contener mi emoción. 

susana.moscatel@milenio.com