Estado fallido

Hablemos de porristas

Yo quería ser porrista. No había manera en el mundo de que lo fuera, pero después de pasar algunos años en el sistema educativo de Estados Unidos y aun más tiempo viendo películas acerca de la preparatoria y la universidad según Hollywood, ¿qué más iba a querer? En ese mundo, cuya ventana está abierta para todos, las porristas son las chicas populares, las exitosas, las que tienen novio. Las que la hicieron en la vida.

Pero los años y las experiencias me han dejado claro que el mundo no se mueve con un par de “pon pons”. Sería demasiado fácil caer en una diatriba feminista sobre el hecho de que estas mujeres están ahí para ser explotadas por su belleza y atractivo visual, ¿no?  Sé que la mayoría de los hombres que me rodean solo levantarían la mirada de manera condescendiente que implicaría que los deje en paz. Sobre todo durante tiempos del Super Bowl. Y las niñas de las nuevas generaciones, muchas de ellas al menos, todavía querrán ser porristas.

Pero aquí el problema, y no es una actitud activista ni reaccionaria. No estoy notando el machísimo implícito en todos los grandes eventos deportivos (y políticos, por cierto) por primera e inocente vez. Pero sí estoy diciendo que siempre hay y habrá muchas niñas que, aunque también quisiéramos todo lo lindo (y falso) que viene con “ser porrista”, también nos gustaría ser el evento principal. Que nuestro papel no fuera “de reparto” en los grandes momentos mediáticos de nuestros tiempos. Obviamente no estoy pidiendo que nos dejen jugar contra hombres de dos metros y 120 kilos. Solo que lo pensemos un poco.

Desde hace ya varios años hay torneos extraordinarios de porristas. Son mujeres y hombres que cuentan con habilidades atléticas extraordinarias y saben montar impresionantes shows. Son competitivos y valientes. Y NO son negocio. Parece que los presupuestos y el interés son proporcionales a la testosterona, ¿no?

Así que bien. Qué bueno que una niña pueda crecer y algún día ser porrista de los Patriots o los Seahawks. Debe ser una experiencia extraordinaria. Pero que nadie les haga creer, como a tantas de nosotras, que eso es lo único que hay. Mismo tema con Miss Universo la semana pasada. Es tan abrumadora la cobertura de algo como el Super Bowl que me temo que muchas niñas no están recibiendo ese mensaje a tiempo.

En la mira

Cada día me preocupa más, al ver la taquilla y la reacción de la gente en Estados Unidos, que El francotirador vaya a dar la gran sorpresa y quedarse con el Oscar a Mejor Película e incluso a Mejor Actor. Lo he dicho antes, es una gran cinta. Eastwood está mejor que nunca. Pero es una pieza de propaganda tan contundente que hasta me parece que ni ellos se han dado cuenta que podría pasar a la historia con esa connotación. Sí, ya rompió otro récord. Y sí, el debate sobre hacer de un francotirador de la vida real un héroe ha sido moderado en Estados Unidos. Es una gran película de guerra, sin duda. Pero sigue sorprendiéndome a más no poder que Bradley Cooper me haya dicho que no tenía nada de política la cinta. Lo dijo tan convencido que casi todos le creyeron. Es más, casi me convenció que él mismo lo creía. Pero, al final del día, Bradley sí es un gran actor.

¡Que alguien me explique!

¿Cuantos shows de Tatiana y de Bob Esponja vio Katy Perry para inspirar su actuación de medio tiempo en el Super Bowl?

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