Estado fallido

"Gravity", más inglesa que mexicana

El día de la premier de Gravity en el Festival de Cine de Londres, Alfonso Cuarón se movía como pez en el agua en Leicester Square. Saludaba, se tomaba fotos con todos y se alegraba de ver a los pocos mexicanos que habíamos logrado llegar hasta el evento para ser testigos de lo que estaba ocurriendo.

Una mujer emocionada por ver llegar a Sandra Bullock, pero ligeramente decepcionada al ver que el que causaba los siguientes gritos de emoción no era George Clooney (quien no fue), preguntó “¿Y él quién es?”, al ver acercarse al aclamado director. Antes que yo u otro indignado mexicano pudiéramos responder se volvió a ella una mujer de nacionalidad desconocida y dijo con certeza, “él es el hombre que va a ganar el Oscar a Mejor Director”. Qué fiesta fue aquella casi a finales del año pasado, pero solo era el principio. Ahora, Gravity ha ganado el Bafta (lo mejor del cine, según esa monarquía) a Mejor Película Británica y a cinco categorías más.

Dos cosas. ¿Por qué Mejor Película Británica? Pues, porque le metieron dinero. Creyeron en el proyecto. No dijeron: “sí se puede”. Con añoranza dijeron: “vamos a hacerlo”, y lo hicieron. Ni el cine ni los grandes proyectos sobreviven de puro deseo y optimismo. Hace mucha falta el trabajo y también el dinero. Mucho dinero. ¿Si México invirtiera en su cine como lo hace en el futbol, tendríamos estos resultados que presumir? Yo creo que sí.

La segunda cosa es que ocurrió uno de los escenarios más probables para la ceremonia del Oscar el próximo 2 de marzo. Cuarón ganó, merecidamente, Mejor Director, pero Mejor Película (con dinero británico o sin él) fue para 12 años esclavo.

¿Es mejor película? Depende meramente en lo que se decida juzgar. No podrían ser más diferentes. Las dos son extraordinarias, pero sí excluimos lo técnico, que no siempre es lo que mueve los corazones a la hora de votar, 12 años esclavo es un ineludible retrato del capítulo más penoso de la historia de Estados Unidos. Los británicos lo premian. Y si los estadunidenses hacen lo mismo, entonces el mensaje será que han asumido a la esclavitud por el horror que fue (¿es?) y ahora son indudablemente una mejor sociedad. Podrían estar premiándose a ellos mismos con tal de sentirse así, pero finalmente, el tema es que el voto sigue profundamente divido. Y es más que razonable pensar que querrán repartir esas estatuillas como lo hicieron en los Bafta. Veremos.

Salir del clóset

Después de que Ellen Page, actriz que el  mundo enteró conoció cuando interpretó a la precoz Juno, optara por hacer público el hecho de que es gay y realizar un muy bello discurso en el que dijo que está cansada de tener que mentir por “omisión”, yo pregunté a mis amigos. “¿Será necesario todavía tener que explicarle al mundo quién eres?”. La respuesta fue bastante contundente: sí. Entre más rostros conocidos y queridos sean claros y honestos con su identidad, más colaboran en lograr eso que ahora se conoce como el nuevo normal. El día que un famoso opte por hacer esa declaración, casualmente, y no sea un titular ni tema de conversación (o de un espacio como este) entonces ese será el día que ya no será necesario explicarle nada a nadie.

 susana.moscatel@milenio.com