Estado fallido

"Friends" forever

Ayer, por cuestiones de calendario y nostalgia, todo mundo hablaba de Friends, pero la verdad es que no hay fecha ni hora en la vida en la que esta comedia de situación no sea el presente absoluto. Lo único comparable con ello, me parece, es Seinfeld y el mismo Jerry alguna vez, cuando tuve la enloquecida alegría de entrevistarlo, me dijo con su delicioso sarcasmo y cara de aparente seriedad: “¿Sabes que es posible que algún lugar del mundo NO estén retransmitiendo Sienfeld en este momento?”. Tenía razón y me sacó la carcajada. Es lo mismo con Friends. En el mundo entero.

Los he escuchado en portugués, hebreo, árabe y alemán. Funcionan. ¿Saben qué función cumplen? La de generar experiencias colectivas entre los amigos reales de hoy. Las citas y los comentarios que provoca recordar la serie hace que tengamos millones de personas un pasado en común, que aún no termina. No sé cómo lo hicieron. Los han tratado de imitar una y otra vez, pero esa magia fue única. Y se los dice una obsesiva de sitcoms que comenzaron a transmitirse desde los años 60. A estas alturas, insisto, quizá compitiendo con Seinfeld (y algunos dirían Cheers), me es fácil considerar a esta serie como la más exitosa de todos los tiempos.

A limpiar

Una de las canciones menos conocidas (por los que no son fans), pero más maravillosas de Billy Joel se llama “Oyster Bay”. Básicamente es un demo que narra la imagen de la playa, del lugar que él considera su hogar, y en esa canción habla de la soledad que una estrella puede sentir cuando está de gira. Es, de hecho, mucho más que eso. Es una oda a las cosas que realmente importan. Un hogar, una familia que te ama, tus gustos sencillos alrededor de la vida que consideras tuya, la capacidad de relajarse. Todas ellas, que se complican o desaparecen del todo con (en este caso) la fama o el éxito excesivo. Amanecer y “no creerle la sonrisa” a toda la gente que te rodea y sentir que tu verdadero hogar está “a un millón de millas” es un sentimiento con el que muchos podemos identificarnos.

Amo “Oyster Bay” por la historia y los sentimientos que me narra, y cuando fui a ese pueblo en Long Island, específicamente por la canción, pude entender la nostalgia de un joven Billy por su vida perdida. Pero también vi la decadencia del lugar y, sobre todo, la suciedad. Pues bien, el pasado fin de semana nuestro Piano Man se fue con bolsas de basura, un par de políticos y muchas personas a limpiar con sus propias manos el lugar, esperando inspirar el ejemplo en otros, pero declarando que lo hacía por los recuerdos que el sitio le genera. Hemos sabido mucho más de Billy estos días, y hay rumores fuertes (pero desacreditados en más de una ocasión) de que se nos puede cumplir el sueño de que grabe otro disco. Difícil de creer a estas alturas, pero el señor sigue llenando el Madison Square Garden cada mes, grabando “New York State of Mind” con la bella Streisand y saliendo a recoger la basura. Aún nos queda mucho Billy.

¿En serio?

¿Una mujer se puso un tercer seno con la esperanza de que por eso le den un reality show en MTV? 

susana.moscatel@milenio.com