Estado fallido

Festivales: ¿pose o placer?

En los últimos meses hemos tenido mucho esta discusión en la redacción y con varios amigos dentro y fuera de la industria del entretenimiento. Incluso esta sección publicó un especial donde varios músicos y expertos de la guardia antigua aseguran que ya los muy chavos no van a escuchar y vivir la música en los festivales, sino a tomarse selfies, alimentar su Twitter e Instagram, tener material divertido para Snapchat y cualquier otra cosa que se haya inventado para interactuar a la distancia que recién hayan inventado.

Yo no lo veo así. Yo odio los festivales de música. Con fervor. Mi peor tortura como periodista es que me hagan cubrir uno. Se me hacen sucios, agotadores, abrumadores por las multitudes y sobre todo me parece casi imposible realmente gozar la música, por más bien que esté armado el numerito.

Es evidente que hay una edad para todo, pero les aseguro que a los 18 años era igual. ¿O a poco creen  que apenas inventaron el concepto? (Woodstock… ¿alguien?), pero creo que hay algo muy interesante con toda esta discusión, que se extiende mucho más allá de los festivales de música como el que terminó el pasado fin de semana. Sí, alguien está posando, pero igual la está pasando bien ¿Por qué nos afecta tanto? Es verdad que queremos un mundo auténtico, pero que cada quien puede que se ría con sus propias cosquillas, ¿no? Poses o no, este fin de semana aguantaron rudo la tormenta eléctrica. Eso a mí me dice que la discusión, que ya es agotadora cada vez que hay uno de estos eventos, está más que superada. O en otras palabras, mientras no nos lastimemos, cada quien su vida, ¿o no?

Latinos

“¿Eres mexicana?”, me preguntó una compañera de prensa cuyo lugar de origen era Bruselas. “¡Qué padre! A mí me encanta Calle 13”.  Híjole, ni por dónde empezar con este tema que surgió mientras ambas cubríamos un evento en Nueva York. ¿Decirle que Calle 13 no es una cosa mexicana? ¿Que a mí me parecen oportunistas y predecibles? Que aunque fueran los más importantes músicos de su generación, el ser latino, como concepto, en estos días es más bien un invento de los medios de Estados Unidos, donde caben desde Sofía Vergara hasta Silvio Rodríguez, pasando por Julio César Chávez y el no hablar ya ni español. Como si todo fuera una sola cultura que ha crecido de la mano y nos identifica a todos. Se está creando una noción de lo homogéneo que va más allá de las pequeñas mentes que a veces habitan nuestro país vecino. Y no sería grave, excepto que miles de propuestas culturales están quedando básicamente aniquiladas por el concepto. Si da lo mismo Thalía que Joan Manuel Serrat, ¿ya qué nos queda?

¿En serio?

¿Después de 17 años en escena es imposible conseguir un solo boleto a cualquier precio para la función de la tarde en domingo de El rey león en Broadway?

¡Que alguien me explique!

¿Por qué ya salió de cartelera en tantos cines Cantinflas? ¿A poco no pegó? ¿No la han visto? Háganlo antes de que sea demasiado tarde, por favor.

susana.moscatel@milenio.com