Estado fallido

Eternamente Mafalda

En este negocio uno tiene por lo menos que saber la diferencia entre DC y Marvel, recordar lo que era el Grupo Editorial Vid y tener muy claros a todos esos personajes que siguen presentes, de alguna u otra manera, en las historias de cada una de nuestras vidas, a través de nuevos lanzamientos, inventos, películas y periódicos que todavía los publican alrededor del mundo.

Creo que yo tenía tres años cuando levanté el primer ejemplar de La pequeña Lulú, que mi madre había encuadernado junto con una serie de historietas de Archie y sus amigos. Sin duda fue mi primera obsesión en la lectura y, seguramente, en el entretenimiento. Pero, poco después, llegó Mafalda a nuestras vidas en unas hermosas ediciones generadas específicamente para México y todo lo demás quedó disminuido.

Yo no sé qué era. ¿Por qué me hacía reír tanto la tortuguita llamada Burocracia? ¿El hecho de que mi tocaya solo soñara con tener hijitos era el sello de mi destino? ¿Por qué la tiendita de la esquina de mi casa no tenía un Manolito que fuera el clon del dueño, su señor padre? ¿Por qué el mapamundi que teníamos en mi casa no era tan simpático como el de esa fantástica niña argentina que estaba verdaderamente preocupada por quién sabe qué? ¿Quiénes eran esos Beatles? ¡Así los descubrí!

Pasaron los años y nunca han pasado ni cinco sin que me siente a repetir el ejercicio de redescubrir ese mundo según los ojos de Quino. Cada vez descubro más sabiduría en la niña que está a punto de cumplir cincuenta años en septiembre. Uno de los sueños de mi vida siempre ha sido conocerlo, entrevistarlo. Pero es difícil, está harto de que le pregunten si Mafalda realmente murió atropellada por un camión de sopa y de por qué no ha vuelto de forma regular aquélla, que para tantos de nosotros siempre será el personaje favorito de nuestras jóvenes y ya no tan jóvenes vidas.

Creo que la respuesta la recopilaron a la perfección varios diarios, específicamente El País, que tuvieron acceso al gran dibujante y comentarista social en España cuando llegó (sorprendentemente para muchos) a recibir honrado y (palabras suyas) cansado el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades:

“Me causa mucha gracia el humor inteligente, no el tipo de humor chabacano y grosero del cual están llenas hoy en día todas las televisiones, no solo la televisión argentina. La verdad, da pena desperdiciar un medio tan rico como la televisión en estas tonterías”.

¡Qué razón tiene! Y por eso su trabajo sigue siendo tan vigente hoy como hace medio siglo. Por eso no vemos que tenga la necesidad ni el deseo de que los grandes estudios del mundo o los grandes conglomerados retomen esa infinita popularidad para convertirla en un negocio redondo de mercancía y producciones. No. Mafalda se detuvo cuando tuvo que hacerlo, porque su mensaje, que tiene todo que ver con la naturaleza humana, la sociedad que nos inventamos con ella y sus tremendos embrollos, nunca podrá ser mejorado con montañas de billetes.

¿EN SERIO?

¿Se nos van todos los grandes de la época dorada y brillante del doblaje? ¿Charlie Sheen quiere volver a Two and a Half Men? ¿No sabe que ya la cancelaron?

susana.moscatel@milenio.com