Estado fallido

Enormes vergüenzas

Hay cosas que son tan grotescas y ridículas, que uno tarda un rato en decidir si deben ser tomadas en serio o no. Pero cuando a un partido político, como el PRI, ya se le hizo costumbre tomar lo más patético de nuestra farándula nacional y utilizarlo con fines políticos, creo que los primeros que debemos protestar somos aquellos que nos debemos enfrentar a la existencia de esos personajes en nuestra fuente desde hace años. Estas son cosas que muchos pensamos que no tienen lugar en el espectáculo y, bueno, mucho menos en el panorama de la política nacional.

Tal es el caso del fenómeno de Sabrina Sabrok, quien ha sido nombrada por el PRI como embajadora honoraria de la comunidad lésbico-gay en México. ¿Es en serio? Perdón, ¿pero cuál es el mensaje aquí? ¿Que hay que ser una persona escandalosa y rotundamente exhibicionista para representar a esta comunidad? ¿Ese es el prototipo con el que el partido considera que las personas homosexuales se identifican? ¿El esfuerzo no debería ir más por el camino de la integración de todos los sectores de la sociedad, en lugar de la señalización? Qué poca comprensión de que la gente gay es solo eso, personas con todo tipo de personalidad  e intereses, y mientras que, seguramente, habrá muchos integrantes de ese sector que les guste lo que Sabrina vende, yo sé de más a quienes todo el acto de esta mujer les parece un absurdo fenómeno de circo hecho para vender revistas, publicidad en internet y llamar la atención a través de los excesos.

No es nada personal contra la argentina. La llamaron y ella acudió. Estoy segura de que es una muy linda persona. Pero me queda muy claro que lo que vende es un espectáculo de carpa en su más común denominador. Estoy segura de que ese es el último mensaje que queremos que el partido político, que en estos momentos tiene el poder, quisiera mandar respecto a la enorme población que conforma una diversidad sexual en nuestro país. ¿Lo habrán pensado siquiera?

Cantantes unidos

Es un poco como cuando Charlie Chaplin, Douglas Fairbanks, Mary Pickford decidieron tomar el control de sus carreras y hacer su propio estudio de cine. Claro que, más allá de estar combatiendo al equivalente de los estudios, aquí Jay-Z encabeza un esfuerzo brutal para que los cantantes más exitosos del mundo no solo enfrenten el poco poder que le queda a las disqueras, sino al verdadero problema de todos: la piratería.

Así nace Tidal, con la imagen de Madonna, Rihanna, Jay-Z, Usher, Beyoncé y Nicki Minaj al frente de lo que será un servicio de streaming musical que tendrá la gran ventaja de pertenecer a los creadores. Sin el intermediario. Sin problemas con los rateros de propiedad intelectual, porque ellos deciden cuándo y cómo liberan su material. Y, sobre todo, con exclusivas y la capacidad de cobrar poco debido a las alianzas con los creadores.  Esto apenas está comenzando, pero con alguien como Jay-Z en la cabeza y el apoyo de las más grandes estrellas de la música, bien podríamos estar viendo el principio de una revolución.

¿En serio?

¿Ya tendremos que suspender su gustada sección diaria de “unos minutos espiando a James Bond en México”? ¿Ya se van?

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