Estado fallido

Decir adiós a un apasionado

Hoy nos toca publicar en esta sección la última colaboración de don Jaime Almeida, quien falleció el pasado viernes en la noche, repentinamente. Resulta para nosotros en ¡hey! un doloroso y profundo honor. ¿Cómo expresarle a Jaime ahora lo agradecidos que estábamos por tenerlo cerca? En particular, estos últimos años de nuestras vidas y nuestras carreras nos tocó convivir muy de cerca con una de las pocas personas que conozco que eran tan respetadas como queridas en el ámbito de la música, la radio y el periodismo en general.

Jaime, quien fue maestro de tantos colegas a través de los años y en su constante paso por lugares como Radiópolis (ahora Televisa Radio), Radio Centro, Radio Fórmula y estos últimos años, afortunadamente para nosotros, en MILENIO, siempre fue generoso con sus conocimientos. Eso ya es un mundo de riquezas. Pero lo mejor era su pasión por la música, asunto que era contagioso, entrañable y, sobre todo, compartido por todos.

Qué manera de provocar las carcajadas y las risas mezcladas con notas musicales cada vez que pasábamos cerca de donde estaba grabando algún El asalto a la razón musical, a dueto con Carlos Marín. Qué manera de llegar corriendo a la redacción cuando había alguna novedad musical que quería que compartiéramos con los lectores y los televidentes. Y qué maravilla contar con la presencia y generosidad de un hombre como él cuando necesitábamos de la voz autorizada en la materia y que siempre decía sí cuando lo necesitábamos.

Es muy curioso. Cuando uno trabaja en este medio y tiene suerte, le toca trabajar con las personas que creció admirando. Pero en el caso de Jaime eso se aplica a todas las generaciones, porque nunca dejó de estar vigente, de tener presencia y, sobre todo, de promover la música. Esto ocurría incluso en España, donde, a través de Top Radio y junto con Marisa de León llevaba lo mejor de nuestros clásicos con un éxito total al viejo continente.

El sábado platiqué con mi querida Janet Arceo, quien le dedicó un hermoso programa en homenaje a quien fuera su jefe y compañero hace años cuando empezaba con su ya clásico y entrañable programa La mujer actual. Fuimos tantas personas en este medio (y en la vida en general) quienes tuvimos el privilegio de tratar y aprender de Jaime Almeida que no cabían en la emisión.

A los que trabajamos en la fuente del espectáculo nos dejan un enorme legado y más importante una importantísima lección de vida. Si tenemos la suerte, el honor y el privilegio de dedicarnos a lo que amamos, no hay que confundirnos en el camino. Jaime se nos fue demasiado temprano, tenía 66 años, pero lo hizo dedicándose exactamente a lo que amaba: promoviendo la música. Y si esa no es una lección de vida no sé qué es lo que estamos haciendo. Gracias por todo, maestro Almeida.

susana.moscatel@milenio.com

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