Estado fallido

¿Deben los artistas hablar de política?

Ahí el dilema que, en días como éstos, se exacerba de manera particularmente escandalosa, pero para entrar a este espinoso tema, tal vez es importante primero hacer un par de distinciones. La primera es qué significa ser artista. Por definición, una de estas personas debería tener una sensibilidad muy particular y una manera de ver el mundo tan especial que le permita expresar a través de distintas disciplinas creaciones que generen algo: ya sea algún sentimiento, pensamiento o emoción. Si nos fuéramos por esta sola definición, imaginar que estas personas van a dejar de emitir opiniones respecto a lo que sea, correctas o equivocadas, sería absurdo.

 Pero resulta ser que hoy en día “artista” es sinónimo de “famoso”. Y estamos inmersos en los tiempos donde hay demasiadas personas que son famosas, simplemente por el talento que tienen para ser famosas. Es un talento, sin duda, pero eso no los hace artistas. Ni sensibles. 

Ahora, por el otro lado, ¿por qué alguien tendría que reservarse su opinión simplemente por el hecho de ser famoso? La libertad de expresión ante todo, ¿no? Tal vez, pero ante eso solo nos queda señalar una responsabilidad profundamente importante que viene de la mano con el hecho de tener una voz que será escuchada y quizá tomada en serio por millones de personas: el estar informado. Hablando de todos los conflictos actuales, hay tantos que no lo están.

Así que una vez asentado el derecho y la responsabilidad de estos famosos por expresar lo que les venga en gana, y las consecuencias que esto pueda generar, tanto para sus carreras como para terceras personas, hay que analizar una cosa más: intenciones. Hay gente profundamente bien intencionada, que solo dice lo que le parece políticamente correcto. De eso viven, a fin de cuentas. Muchos de ellos se quedan con titulares sensacionalistas o con la primera impresión, sin indagar o averiguar la historia o las motivaciones del lado contrario. Ellos suelen ser los más sorprendidos cuando se dan cuenta de que esta postura puede generar también serias reacciones de los detractores de la causa que eligieron. No es suficiente una buena intención, la información también cuenta.

 También hay famosos con posturas políticas muy claras, quienes ya tomaron una clara decisión respecto a una situación y nada los va a mover de ahí. Está bien, no son periodistas, nadie los obliga a reportar ambos lados de la moneda en sus comentarios. Menos en estos tiempos de Twitter, donde todo suele reducirse a un #hashtag. Pero ellos deben entender que al entrarle a la guerra de las declaraciones, ellos mismos, como personajes públicos que son, causarán el tipo de polémica que generalmente se reserva para los políticos. No es fácil. Ni amable. Y no cualquiera tiene la carrera para sustentar la postura (sea, cual sea). Y sí, si son exitosos en su mensaje político, entonces su carrera muy posiblemente quede ligada con esas ideas para siempre. Con todo lo que implica.

Así que si eres Judi Dench o Mick Jagger hablando de Escocia e Inglaterra, entonces seguramente lograrás algunos titulares para la causa. Esté o no de acuerdo con Héctor Bonilla cuando él habla, yo escucho. Pero si lo hace Carmen Salinas (y vaya que lo hace), yo solo sonrío con resignación. Las Pussy Riot definitivamente lograron su objetivo original, (pero su banda siempre tuvo una clara agenda política) y, claro, podríamos hacer una larga lista de famosos que tienen opiniones (algunos profundamente desinformadas y otras no tanto) respecto a Gaza. Desde Penélope Cruz vs Howard Stern, Selena Gómez hasta Gene Simmons, Rihanna hasta Joan Manuel Serrat. La gama es enorme, las opiniones totalmente encontradas y las carreras y opiniones no podrían ser más diversas.

Así que ante la pregunta inicial: ¿deben los artistas hablar de política? Creo que como seres humanos están en todo su derecho, pero la verdadera respuesta radica en cada trayectoria, su credibilidad y sobre todo en qué tanto saben de los temas. Y eso, en la fauna de la farándula, no siempre está presente. Aunque cuando lo está, cómo se agradece.

 

susana.moscatel@milenio.com