Estado fallido

Cuántas "Mentiras"

Si el musical Mentiras es un placer culposo, entonces es uno que vale la pena repetir una y otra vez, y eso es precisamente lo que ha pasado con cientos de fans que no pueden dejar de ver la obra que este pasado fin de semana cumplió las 2 mil representaciones, algo casi imposible y en verdad digno de celebrar para cualquier musical (para cualquier obra, caray) en nuestro país.

Los 80 están de moda y a todo lo que dan. Y muchos de los que somos parte de esa generación estamos redescubriendo la década a través de su música y así dándonos permiso de entender de dónde venimos y quiénes somos. La verdad es que en esos tiempos nos permitíamos cantar a todo volumen y sin vergüenza alguna acerca de todas las más intensas emociones amorosas con las mejores voces que hubo, y que hasta la fecha hay, en el pop y la balada romántica nacional. Y es hora que lo reconozcamos. ¿Quién hay ahora como Yuri? ¿Daniela Romo? ¿Lupita D’Alessio?  No se me ocurre nadie.

 Ahora, ¿por qué placer culposo? Pues, porque emociones tan concretas a flor de piel con colores fluorescentes y malos peinados no es precisamente la forma de proceder en estos días. Ah, pero qué bien funciona. Y miren que aquí les escribe una enemiga de lo que se llama “musical de rockola”, cosa que prácticamente se inventó con Mamma Mía! (muy bien) y luego se siguió con absolutamente todo lo que parecía un éxito garantizado. Por supuesto, los grandes productores de cualquier musical te dirán que saben que este será un éxito si ya está en pleno intermedio cantando o silbando la melodía principal. Cuando ya te sabes y amas las canciones, pues más fácil que funcione. Así que abusaron de la fórmula. Hasta acabar con ella.

 ¿Pero saben algo? A cinco años de su estreno y ya terminada la vorágine de este tipo de musicales, debo decir que Mentiras se sustenta muy bien sola. La forma de ligar las canciones con la historia, una historia solida con todavía mejores personajes de Manuel López Velarde, no solo está perfectamente estructurada, sino que se vuelve más divertida con el tiempo. En otras palabras, las canciones pueden apelar a nuestro lado cursi del pasado, pero la obra en sí sobrevive las décadas. Empezó en la anterior, le rinde tributo a una de hace 30 años y ahora sigue fuerte casi a la mitad de ésta. Pocos pueden decir algo así.

Flans

La develación de Mentiras también sirvió, palabras de ellas mismas, para presentar el nuevo disco y nuevo regreso de Flans. Entiendo por qué querrían hacerlo y, sin duda, fue divertidísimo verlas a las tres sobre el escenario una vez más. Pero están cuesta arriba en este reto, porque, a diferencia de otras artistas de esos tiempos que siguen vigentes, ya han hecho varios intentos por volver y aún no le pegan del todo. Así que entre la adorable energía de Ilse, los alucines de Ivonne y la auténticamente buena voz de Mimi harán falta muchos, muchos ensayos y un plan concreto. También darse cuenta de que los estándares de profesionalismo son otros ahora (no se sabían bien la canción nueva). Ocurre que para alimentar la nostalgia tenemos suficientes estímulos estos días, pero si Flans quiere ver al futuro hace falta algo verdaderamente original que haya crecido con ellas, y con nosotros también.

¿En serio?

¿Taylor Swift en la portada de Rolling Stone gringa? Me rindo. Ya no sé lo que es el rock.

susana.moscatel@milenio.com