Estado fallido

Comedia presidencial

¿Se acuerdan lo fascinados que estábamos todos hace dos sexenios, cuando nos dimos cuenta, con Vicente Fox, que hasta la imagen presidencial podría ser objeto de comedia en nuestro país?  Pero... ¿Qué hicimos con eso? Pues en retrospectiva queda bastante claro que en lugar de volver cómplice de nuestro humor a los personajes en el poder utilizamos esto como herramienta para ventilar todas nuestras frustraciones sociales (muchas de ellas más que merecidas). El tema llegó a tal extremo que la figura presidencial perdió mucha de su legítima autoridad. Claro que Chente y Martita ayudaron en mucho, brindándonos tesoros de humor involuntario que podíamos reciclar  y reciclar a cambio de una barata carcajada. ¿Pero como crítica social constructiva? (uno de los mejores efectos secundarios de ciertos tipos de buena comedia). ¡Para nada! Solo sirvió más para ayudar a desmoronar la credibilidad en las instituciones. Fue culpa de todos, nuestra, de ellos y del público que lo consumió con felicidad y sin preocuparse.

Para cuando llegó Felipe Calderón, el tema no era mucho más distinto. Él era otro tipo de personaje, sin duda, pero la inercia, el negocio y la molestia social eran tales que ya no había mucho que se pudiera hacer. O al menos eso parecía. ¿Vieron qué rápido ha terminado eso ahora que ya llevamos más de un año con el régimen de antes en el poder?

Así que uno podría pensar que el humor con la figura presidencial es un tema completamente fallido. Y por nuestras experiencias en los últimos tiempos, usted no podría ser acusado de estar equivocado. Sin embargo, pasan ciertas cosas en el mundo de la comedia que nos pueden poner a reflexionar en dónde fue que fallamos como medios que hacen sátira, como comediantes e incluso como políticos (para quienes lo sean) que están buscando un acercamiento legítimo con la gente.

No es por celebrarlo a él en sí. Barack Obama ha tenido fallas y aciertos de niveles extremos en todo sentido. Pero algo me queda muy claro, si después de ser presidente no quiere irse a dar clases, al rancho o a promover la carrera política de Michelle, sin duda podría iniciar una muy lucrativa profesión como comediante. ¿Lo vieron hace un par de días con Zach Galifianakis en su serie de internet llamada Between Two Ferns´s? Seguramente sí, en cualquier noticiario. Pero si no, ¡deben hacerlo! Ahí está toda la diferencia entre humor presidencial y burlarse del presidente. O como quien dice, mejor que se rían contigo que de ti. O en otras palabras más y aludiendo nuevamente al ex presidente Fox, la diferencia entre el humor voluntario y el humor involuntario.

Pero más allá de “las lavadoras de dos patas”, el “¿y yo por qué?”, los “patios traseros” y tantas cosas más, ésta, aunque no lo crean, no es una crítica a los políticos en cuestión. Obama estaba haciendo su chamba. El gran problema que tiene su seguro de salud popular, el acto más importante de toda su presidencia hasta ahora, es que solo están entrándole las personas de edad más avanzada. Para que funcione urge que entren los jóvenes. Si no, no habrá forma de costearlo. Es así de sencillo. ¿Entonces qué debe hacer? Ir exactamente a donde están los jóvenes que le entrarían. Y eso ya no es en la televisión abierta, en las telenovelas, los sitcoms o las noticias. Es en este tipo de programas en la red. Lo hizo, le salió bien y todos reímos. ¿Le funcionará? Ya veremos. Mientras tanto y hablando de nuestra industria del entretenimiento. ¿Nosotros cuantas plataformas tenemos así? Algunas hay, ¿pero lo sabrán nuestros políticos? ¿Y se prestarían a ello? Todo un tema. 

susana.moscatel@milenio.com