Estado fallido

Club de fans: escuela para militantes

Antes ser parte de un club de fans implicaba membresía. Quería decir que sabías lo que estaba pasando con tu artista favorito y en compañía con otras personas hacías lo posible por estar cerca, llevar mantas a sus conciertos y hablar a las estaciones de radio a la hora del “¿por quién votas?”, para asegurarte de que tu ídolo estaría bien cuadrado. Los más profesionales sabían más o menos con quién ponerse en contacto en las disqueras y algunos medios para apoyar y, en ocasiones, entrar en contacto con el objeto de su afecto. Hacían credenciales y se reunían para escuchar la música o ver las películas. ¿Qué lindos tiempos, no?

Ahora las cosas han cambiado y mucho. Los clubes de fans se han vuelto tan militantes que han cambiado la dinámica de las cosas. Un artista que reconoce tener ese poder con su gente, sabe alimentar el deseo y a cambio obtiene cientos, a veces miles de personas que trabajan para ellos.  Y en ocasiones, hasta personas que emprendan guerras en nombre de ellos también.

Claro que mucho tienen que ver las redes sociales, pero es más que eso, creo que muchos se han contagiado del hostil ambiente político de nuestra nación y están repitiendo exactamente los mismos patrones. No es broma, he recibido mensajes exactamente iguales por criticar algo que hizo Andrés Manuel López Obrador que algo que hizo Justin Bieber. Puede caerles en la punta del hígado que yo o que cualquiera tengamos opiniones respecto a actos que cualquiera de ellos haya llevado a cabo (no en conjunto, ahí sí ya sería el fin del mundo), pero el nivel de violencia es verdaderamente notable.

Claro que en estos días los más ocupados son los fans de Lucero. Algunos han escrito cartas coherentes y complejas explicándonos por qué consideran que lo que se está haciendo es puro bullying contra la cantante y algunos han sido tan sofisticados como para pedirnos amablemente que no la irrespetemos. Vale. Pero por el otro lado, los fans de Lucero ya han entrado en una guerra que incluye insultos y amenazas constantes de muerte contra los más extremistas de los animalistas (que también usan la agresión como herramienta).

 La cosa se está saliendo de control. Me cuesta trabajo pensar que alguien tenga tanta energía en la vida de una cantante que nunca formará parte real de su vida. Me sorprenden muchos de los mensajes y la capacidad de difundir violencia virtual, que en cualquier momento se vuelve real.

Pero no todo es tan extremo. Sí, estoy segura de que Laura Pausini no es consciente de que sus fans mandan cartas a los medios de comunicación pidiendo la cabeza a los encargados de espectáculos que no consideran a la italiana como la nota principal de cada día. Y sé que los fans de Cristian Castro tienen un poco más de sentido del humor, empezando por La Vero, su madre, quien ha pedido que le manden los fotomontajes que se han hecho de Cristian y diciendo que él siempre ha sido así y que no ha dejado de reír.  Perfecto. Lo de Cristian no es un escándalo. Es un chistoso y extraño a lo mucho. Claro que entre tanto meme me llegó un anuncio que no era broma, dentro de todo este engrudo de estilizadas imágenes se destaca su próxima presencia en el Auditorio Nacional. ¿En serio? ¿Siguen siendo de la idea que no hay mala publicidad? ¿Alguien iría a ver a Cristian Castro solo porque compartió su masajito con saiote. No lo sé, ¿qué opinan fans de Cristian?

susana.moscatel@milenio.com