Estado fallido

Clooney, Downey y nuestro placer misógino

¿Han escuchado cómo a los peores misóginos del mundo los educaron así sus propias madres? Tal vez, pero, ¿qué hay de lo que la cultura pop y nuestros propios deseos hacen con nuestro lugar en el mundo, comadres?

El mismo día que se casaron Amal Alamuddin y George Clooney en Venecia tuve la oportunidad de sentarme a hablar largo y tendido con Susan Downey en Hollywood. La entrevista vale la pena ser publicada de manera extensa, y lo haremos, pero para todos los que se están preguntando ¿quién es Susan Downey?, pues les diré que es una de las jóvenes productoras más exitosas y poderosas de Hollywood. Ah, y también es la esposa de Robert Downey Jr., con quien acaba de inaugurar su propia compañía de producción llamada Team Downey.

Susan, antes de esto ha hecho cintas como Swordfish, Kiss, kiss, Bang, Bang y muchas más. A temprana edad ya era una de las mujeres más respetadas del un mundo al que generalmente se le llama “el club de los muchachos”.  Y entonces conoció a Robert, quien venía saliendo de una etapa muy difícil de su vida, y decidieron hacer equipo. Él salió adelante del infierno con ella a su lado y compartieron la vida, el trabajo y la familia desde entonces.

Susan parece ser una de las mujeres más inteligentes con las que he hablado en este (y casi cualquier) negocio. Está tan acostumbrada a que la consideren afortunada por estar con el ahora actor mejor pagado del mundo, que solo sonríe, como si ella no hubiera sido parte fundamental de ese proceso. Como si ella no tuviera una carrera impresionante y más difícil de obtener, estadísticamente hablando. Como si la fama de su esposo, y no ella misma o incluso su relación y familia con él, fuera su identidad absoluta. Solo cuando interactúas con alguien así y ves la gracia con la que enfrenta las torpes preguntas al respecto, te das cuenta, qué tan misóginos y misóginas somos en nuestros prejuicios. Claro que Robert es hermoso y talentoso, pero, ¿qué creen? Ella también. Él lo puede ver. No le está haciendo ningún favor. Por eso son familia y socios en su compañía, por eso entienden que el juego de la fama es uno que pierdes el día que te lo creas.

Ese mismo día uno de mis tuiteros favoritos @TheTweetofGod, escribió: “Felicidades a George Clooney que se está casando en este momento con alguien que no eres tú”.  Dios, tiene razón, o al menos eso infiero de su crítica. La nueva señora Clooney es poderosa, brillante y diferente. Y tiene su propio nombre: Amal Alamuddin. Caray, ha sido asesora en derecho internacional de las personas más importantes de la ONU, por decir algo. Pero en nuestra cabeza ella es la afortunada que pudo con George. Le aplaudíamos y le seguíamos su soltería serial como si fuera un reto irrompible. Y cuando se enamoró de alguien, entonces ella fue la afortunada.

A ver, he tenido en frente a George Clooney y sí es de esos pocos personajes que te hacen desarrollar frases tan brillantes como: “Auughh duh .. ehhh, hola”. Es cierto, su magnetismo y encanto es el más profesional del mundo. Por eso lo que se requería era una mujer que no se sintiera como el ser más afortunado del mundo solo porque él la volteó a ver. Una mujer que no asumiera que nuestro rol en esta sociedad es ser rescatadas por ese hombre mágico para obtener una identidad. Una mujer completa. ¿Quieren celebrar la boda de Clooney? Como lo más probable es que tampoco estuvieron ahí, ¿pues celebremos esa idea, no? No me cabe la menor duda de que ese es el caso para ellos y que ya es hora que nos demos ese lugar las mujeres del mundo. ¿Pues qué el término no era “pareja”?

¿En serio?

¿Cómo funciona la publicidad de internet que me enchufan un anuncio felicitando a Eruviel Ávila por su informe de gobierno entre el trasero de Kim Kardashian y el leve accidente en auto de J.Lo

susana.moscatel@milenio.com