Estado fallido

"La vida inmoral…"

Corran a ver La vida inmoral de la pareja ideal de Manolo Caro ahora que ya se estrenó por todos lados; créanme, no se van a arrepentir. Muchos comparan ya el trabajo del director y escritor con el de Pedro Almodóvar y, sin duda, lo hacen a modo de halago. Pero aunque las comedias de Manolo sí suelen tener personajes coloridos con reacciones extrañas, extremas y deliciosas ante los estímulos de las complicadas relaciones modernas, como las de Almodóvar, hay muchísimo más que ya podemos definir como un estilo personal del cineasta y teatrero de Jalisco.

Manolo es incluyente de manera absolutamente natural. Por más cómicas e inverosímiles que parezcan las reacciones de sus personajes tienen algo muy orgánico que realmente se agradece, porque existe la posibilidad de identificarnos. De vernos hasta nosotros mismos en nuestros momentos más extremos y reír. Reír mucho. Con esta cinta, Manolo ya domina como los grandes el ritmo de una comedia y además demuestra que las cosas ya no son por receta, sino por inspiración y oportunidad. Oportunidades generadas por trabajo, gran selección de elencos y primero que todo: un guión maravilloso a partir del cual trabajar. Les digo, no se lo pierdan. No tarda el mundo cinematográfico internacional en tratar de quitárnoslo. Netflix, por ejemplo, ya se dio cuenta de lo que tenemos ahí. ¡Véanla!

¿Reviviendo a Mel Gibson?

Lo que debería importar en términos cinematográficos es su trabajo, ¿no? Y no cabe la menor duda de que Mel Gibson es un cineasta de primerísimo nivel. Nosotros, como público o como periodistas, pensamos que tenemos el poder del “perdón” respecto a una persona en la industria, y bueno, en cierta manera así es. Uno puede decidir si apoya una película buena a pesar de que los elementos que la componen nos causan problemas morales. Uno puede no comprar un boleto. Y una industria como Hollywood puede decidir que no quiere trabajar con alguien que ha insultado a un altísimo número de sus integrantes y a las mujeres del mundo en un solo arresto (y la peor borrachera de su vida).

Así que aquí tenemos a Mel Gibson, al hombre que esputó horrores contra los israelitas trabajando con Andrew Garfield (quien es judío) en lo que la mayoría de los críticos que la han visto dicen que es una extraordinaria película llamada Hackshaw Ridge.

Andrew ya declaró estar completamente en paz con ello. Y está perfecto, acaba de pasar Yom Kipur, una de las fechas más sagradas en el calendario judío que trata precisamente del perdón. Las mujeres, como tal, no tenemos una fecha que nos indique que perdonemos a un hombre que le dice a una policía “tetas de azúcar”, pero bueno, ya pasaron 10 años. Podría ya haber pasado la crisis, ¿no?

Tal vez, excepto que durante las entrevistas para esta cinta hubo una, un podcast, en la que Gibson relataba que el problema es que lo grabaron ilegalmente y que luego vendieron ese audio. Para él, ese era el verdadero problema de todo el asunto. Que vaya, sí lo es en parte. También tiene razón en que un acto no debe definir el resto de la vida de nadie. Pero dice que quien habló ese día fueron los ocho tequilas dobles que se había tomado cuando fue arrestado. Y que yo sepa, por sí solo el tequila no te vuelve misógino ni antisemita si no lo ayudas con tus propias nociones. Pero veamos la película. Tratemos de separar. Seguramente valdrá la pena

¿En serio?

¿Siguen siendo noticia las relaciones tormentosas de Mariah Carey?

Twitter: @SusanaMoscatel