Estado fallido

Christopher y Laura

El asesinato del pequeño Christopher en Chihuahua a manos de un grupo de niños que jugaban al secuestro, nunca debería aparecer en las páginas de entretenimiento de ningún periódico. Sin embargo, aquí nos encontramos otra vez preguntando cómo es posible que en lugar de ser tomado en serio como un caso trágico que representa lo más profundo de nuestra descomposición social, terminó siendo tema del programa de Laura Bozzo.

El caso de Christopher fue presentado como sándwich, en medio de la historia de una joven que no quería dejar a su novio, aunque la acusaban de abusiva, y las historias de terror de la modelo Carmen Campuzano, pero el tema de Christopher, que a tantos nos ha hecho temblar del horror y de dolor, tuvo un aderezo extra: la indignación de Laura Bozzo ante lo que ella llama “las redes sociales” que la acusaban de haberse quedado con esa historia en exclusiva brindándole ayuda a la familia y no permitiendo que el resto de la prensa estuviera presente en la audiencia.

Dos cosas. Hubo promo tras promo diciendo que tendrían la audiencia en exclusiva. Y luego, durante el programa, lo volvieron a decir en las cortinillas. Justo después de una de ellas, la conductora arremetió contra los que la atacaban diciendo que el pueblo no es tonto y que saben que “ella solo quiere ayudar”. Lo hizo con su habitual fuerza y léxico que no dejaron lugar a la imaginación de lo molesta que estaba. Puso a la madre de Christopher al aire para que ella misma asegurara que no se le había dado dinero. Y regresó a lo clásico, quejarse de sus enemigos quienes, ella asegura, solo la atacan a pesar de que es la única conductora haciendo las cosas por la gente.

A estas alturas nada de esto debería ser más que rutina, pero ocurre algo tremendo aquí. El caso de Christopher no debe ser, por ningún motivo, tomado como algo común. Y mucho menos como un tema de entretenimiento basado en el morbo. Es una barrera más que hemos, trágicamente, cruzado como sociedad y el tema debería ser tocado en espacios que tengan la capacidad de hacer un serio análisis de la situación en el sentido legal, pero sobre todo social. Muchos espacios que no peguen de gritos acerca de la exclusividad o la no exclusividad, o de quién está haciendo las cosas por ayudar o no ayudar, sino que de verdad den una emergente guía experta de cómo hablar con los niños que ya ven la violencia extrema como un modo de vida.

Si Laura mandó a su abogado y él ayudó a esta familia que sufrió la tragedia, bien por ella. Uno, dos, 500 aplausos. Los buenos actos se sostienen por sí solos. No necesitan ser gritados en televisión. Hay más de una manera de hacer las cosas y aquí la preocupación al final del día es que la nota no fue ni informativa ni propositiva, sino explosiva y generadora de rating. Y que Laura pasó la misma cantidad del tiempo defendiéndose de lo que sabe que vendría que hablando del caso en sí.

Como diríamos, sin juzgar en absoluto las intenciones de los involucrados, el horno no está para bollos. Hay demasiada violencia que resolver. Y eso jamás se va a lograr a gritos por el canal más visto en la televisión de habla hispana del mundo. Tomándole (con mucho trabajo) la palabra de que las intenciones son buenas. ¿No habrá otra manera para que Televisa ayude si realmente lo quiere hacer?

¿En serio?

¿Tienen las revistas y algunos periódicos realmente que estar torturando a una pareja que se separó cuando hay una enfermedad como el cáncer de por medio? ¿Aunque sean famosos? ¿De verdad creemos que nos deben explicaciones?

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